
En Ceuta, se vivió una jornada de gran intensidad social con motivo de una masiva manifestación que reunió a cientos de miles de personas, no solo en la ciudad autónoma sino también en los ayuntamientos de toda España. La convocatoria, que se convirtió en la manifestación más multitudinaria celebrada hasta la fecha en Ceuta, reflejó el palpable descontento de los ceutíes, quienes se agruparon en un clamor por sus preocupaciones y demandas. Mientras el bullicio recorría las calles principales, en la playa de El Trampolín, a escasos metros del epicentro de las protestas, un grupo de adolescentes migrantes aguardaba en silencio, intentando pasar desapercibidos en medio de la agitación social. Estos jóvenes, provenientes de distintas partes, llevan durmiendo en esa costa aproximadamente un mes, resignados a su situación y comprensivos con el enfado de los habitantes locales.
Separados por unas cuantas calles del principal escenario de la protesta, los migrantes optaron por mantenerse en la tranquilidad del paseo que circunda las playas de El Trampolín y Benítez. Esperaban pacientemente a que la agitación del día bajara su intensidad para retomar sus movimientos por la ciudad de manera más libre. Personajes como Zacarías, Ahmed o Kaja reflejan el peso de la incertidumbre en sus rostros, conscientes de la repercusión que tales manifestaciones pueden tener en sus frágiles cotidianeidades. En medio de la tensión generada por la protesta, los migrantes se encontraban en un limbo silencioso, alejándose de posibles conflictos y esperando un desenlace que les permita seguir navegando las complejidades de su estancia en Ceuta.
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