
Irán y Estados Unidos han comenzado una tercera ronda de negociaciones en Ginebra, enfocadas en el programa nuclear iraní, considerado por muchos analistas como la última oportunidad para evitar una escalada militar por parte de Washington. El diálogo, mediado por el gobierno de Omán, es un intento por mitigar las tensiones que han aumentado desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, comenzara a amenazar con acciones bélicas. Estados Unidos busca asegurar que Irán no desarrolle armamento nuclear, mientras que Irán insiste en el carácter pacífico de su programa nuclear civil, aunque está dispuesto a permitir nuevos controles a cambio del levantamiento de sanciones. Sin embargo, las exigencias de Washington van más allá del programa nuclear, incluyendo restricciones al arsenal de misiles iraníes y la retirada del apoyo a las milicias aliadas en la región.
La mesa de negociación en Ginebra es protagonizada por representantes estadounidenses inusuales, como Steve Witkoff y Jared Kushner, ambos sin experiencia diplomática, enfrentándose al experimentado ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi. A este escenario se suma la presencia de Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica. Uno de los principales obstáculos es la duración del acuerdo: Irán solo ofrece un plazo de siete años para el enriquecimiento limitado de uranio, mientras que Estados Unidos aspira a un acuerdo permanente. Además, las desconfianzas persisten debido al pasado incumplimiento del Plan de Acción Integral Conjunto por la parte estadounidense en 2018, cuando Trump rompió unilateralmente el pacto, aumentando así las tensiones y sancionando más severamente a Teherán, que posteriormente reanudó el enriquecimiento de uranio a niveles superiores. Mientras tanto, con la presión de un posible conflicto, la situación permanece tensa, con consecuencias potencialmente desestabilizadoras para toda la región del Medio Oriente.
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