

SoftBank ha revelado sus cartas en la carrera por liderar la inteligencia artificial, y el juego involucra la utilización de su preciada posesión, Arm Holdings, como palanca financiera. En su reciente informe semestral, el conglomerado japonés detalló un aumento significativo en su «margin loan» respaldado por acciones de Arm, elevando el préstamo a 20.000 millones de dólares, de los cuales ya ha dispuesto de 8.500 millones. Este movimiento busca no solo ampliar su capacidad de inversión en AI, sino consolidar su posición estratégica sin tener que deshacerse de activos valiosos en el mercado.
Junto a este anuncio, SoftBank también confirmó avances significativos en su inversión en OpenAI. Un “2nd Closing” de 22.500 millones de dólares está en el horizonte, con un cierre previsto para antes de fin de año. Para facilitar este proceso, la empresa ha establecido una financiación puente que reforzará su plan sin pausas abruptas. Esta estrategia de combinación de deuda y monetización selectiva pretende mantener un equilibrio financiero robusto, destacando un enfoque en la infraestructura y los activos estratégicos.
El uso del «margin loan» es una jugada audaz y calculada de SoftBank. En esencia, se trata de un préstamo respaldado por acciones de Arm como garantía. Esto convierte las fluctuaciones en el precio de las acciones de Arm en una preocupación tangible, ya que caídas significativas podrían desencadenar llamadas de margen, forzando a la empresa a cubrir la diferencia con activos adicionales.
Para tranquilizar a los inversionistas, SoftBank ha delineado su política financiera con claridad. El grupo se compromete a mantener su relación préstamo-valor (LTV) por debajo del 25% en circunstancias normales y no superar un 35% incluso en situaciones de emergencia. Actualmente, su LTV se sitúa en un cómodo 16,5%. Además, la empresa asegura tener suficientes recursos en caja para cubrir dos años de vencimientos de bonos.
La conexión con OpenAI no es menor. SoftBank ha estructurado su inversión en un cronograma de desembolsos meticulosamente planificado. Un aspecto crucial es la sindicación externa, con inversores comprometidos para añadir 7.500 millones en una etapa siguiente, elevando el cierre a 30.000 millones en diciembre de 2025. Estos pasos evidencian un esfuerzo por contar con suficiente liquidez para aprovechar oportunidades sin verse forzado a liquidar activos abruptamente.
El panorama, sin embargo, tiene dos caras. En un escenario positivo, el apalancamiento de SoftBank podría acelerar su exposición a un mercado en auge, permitiéndole capturar beneficios con mínimas ventas de cartera. Además, la percepción de disciplina financiera podría mejorar su valoración en bolsa, reduciendo el famoso «descuento SoftBank» por ser un conglomerado. Bajo una luz menos favorable, los riesgos asociados a la caída del colateral de Arm podrían llevar a decisiones financieras desafortunadas si el mercado se vuelve en contra, obligando a la venta de activos o el refinanciamiento en condiciones adversas.
Este enfoque estratégico subraya una lección crucial para el inversor europeo: la competencia en inteligencia artificial es ahora una lucha no solo por el control de software, sino también por el acceso a capital, energía, y capacidad de procesamiento. SoftBank apuesta a que tener la infraestructura adecuada es clave para no quedar atrás en esta nueva era. Sin embargo, esa misma apuesta puede convertir una brillante estrategia industrial en una apremiante preocupación financiera si las circunstancias del mercado cambian inesperadamente. La historia de SoftBank en inversiones de alto riesgo es un recordatorio de que en este juego, la narrativa puede cambiar rápidamente de visionario a apalancado, todo dependiendo del rumbo que tome el mercado.
