

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que el brote de ébola detectado en la región de Ituri, noreste de la República Democrática del Congo, constituye una emergencia de salud pública internacional. Las autoridades confirmaron el brote el 15 de mayo y para entonces ya se habían registrado 88 muertes asociadas y 336 casos sospechosos en la zona.
La cepa implicada es la variante Bundibugyo, no la Zaire que suele protagonizar los brotes más graves. El Bundibugyo se había detectado antes en Uganda en 2007 y en el Congo en 2012, y su tasa de letalidad se sitúa entre el 36% y el 40%, inferior a la de la variante Zaire. Sin embargo, no existe ninguna vacuna aprobada específicamente para esta cepa, lo que complica la respuesta.
Los síntomas iniciales del ébola son similares a los de otras enfermedades virales: fiebre, dolores musculares, debilidad, dolor de garganta, vómitos y diarrea. En los casos graves aparecen erupciones cutáneas y hemorragias internas o externas. La enfermedad puede avanzar con rapidez hacia el fallo multiorgánico; en promedio, la mortalidad del ébola oscila entre el 50% y el 60%, según la cepa y el acceso a atención médica.
El virus se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas que estén en fase sintomática. No hay transmisión conocida por vía aérea, agua ni alimentos. Los grupos con mayor riesgo son los trabajadores sanitarios, los familiares de los pacientes y quienes participan en los rituales de entierro.
La OMS ha desplegado equipos en Ituri para apoyar al Gobierno congoleño. La estrategia de contención se basa en el aislamiento de los casos sospechosos, el rastreo de contactos, la realización de entierros seguros y la comunicación comunitaria. La vacunación en anillo (inmunizar a los contactos de casos confirmados y al personal sanitario) ha dado resultados en brotes previos, aunque en este caso hay obstáculos logísticos por falta de vacuna específica para el Bundibugyo.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió del riesgo de que el brote se extienda a países vecinos, en concreto Uganda y Sudán del Sur, dados los movimientos migratorios y las fronteras abiertas entre estas naciones. El Congo cuenta con experiencia en el manejo de brotes anteriores, lo que favorece la respuesta, pero la presencia de una variante sin vacuna específica eleva la incertidumbre. La situación contrasta con otras noticias sanitarias de esta semana, como las medidas de seguridad que Madrid prepara para los meses de verano o el avance electoral en Perú hacia la segunda vuelta, noticias de un día cargado de actualidad internacional.
Es una de las cinco especies conocidas del virus del ébola. Se identificó por primera vez en Uganda en 2007 y tuvo otro brote en el Congo en 2012. Su tasa de letalidad (36-40%) es menor que la de la variante Zaire, pero no existe vacuna aprobada para ella.
Al 15 de mayo de 2026, las autoridades habían registrado 88 muertes y 336 casos sospechosos en la región de Ituri, en el noreste del Congo.
A través del contacto directo con fluidos corporales (sangre, sudor, saliva, orina, heces, vómito) de una persona infectada con síntomas activos. No se transmite por aire, agua ni alimentos.
No. La vacuna disponible está aprobada para la cepa Zaire, la más frecuente y letal. Para la variante Bundibugyo no hay vacuna específica autorizada hasta la fecha.
Ha desplegado equipos médicos en Ituri para apoyar el aislamiento de casos, el rastreo de contactos, la gestión de entierros seguros y la sensibilización comunitaria. También coordina la vigilancia epidemiológica en los países vecinos.
