Perú ha cerrado formalmente la primera vuelta de sus elecciones presidenciales, con el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamando los resultados y convocando una segunda vuelta para el 7 de junio, en la que se enfrentarán la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez. Fujimori, hija del ex-presidente Alberto Fujimori, ganó la primera ronda con el 17,09% de los votos válidos, mientras que Sánchez obtuvo un 12,03%. El proceso de escrutinio abarco cinco semanas y fue marcado por controversias, ya que Sánchez superó al candidato ultraderechista Rafael López Aliaga por apenas 21.210 votos, quien ha hecho acusaciones infundadas de fraude electoral.
El JNE desestimó estas reclamaciones y afirmó que la decisión es inapelable, afirmando que no existen fundamentos para cambiar los resultados. A pesar de esto, más de un centenar de seguidores de López Aliaga marcharon en Lima exigiendo un golpe cívico-militar en protesta por la proclamación, mientras que el candidato ultraderechista planea nuevas manifestaciones para exigir la anulación de los resultados. Por su parte, Fujimori ha llamado a la comunidad internacional a supervisar la próxima segunda vuelta, mientras que Sánchez lanzó un llamado a la unidad democrática, desafiando a la «dictadura» que representa su oponente. La situación en Perú plantea un complicado escenario político, marcado por tensiones y un fuerte debate sobre la legitimidad del proceso electoral.
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