

Perder grasa de manera saludable y sostenida ha sido durante años un tema de interés, pero también de confusión y mitos en la industria del bienestar. Entre tantas modas extremas y promesas de soluciones mágicas, resulta fundamental entender qué pasos son realmente efectivos y cuáles pueden terminar perjudicando tanto la salud física como la mental.
Recientemente, el nutricionista británico Luke Hanna, con formación en Ciencias del Deporte y experiencia como entrenador personal, ha llamado la atención por identificar los errores más comunes que cometen quienes buscan perder grasa corporal. Sus recomendaciones, basadas en evidencia científica y en las directrices de organismos reconocidos, brindan un mapa claro para quienes desean seguir un camino realista y saludable en su proceso de transformación.
Uno de los aspectos más frecuentes que Hanna señala es la tendencia a fijar objetivos demasiado ambiciosos, lo cual puede desmotivar rápidamente. “Muchos de mis nuevos clientes quieren resultados inmediatos y eso suele generar frustración cuando no ven cambios en el corto plazo”, explica. La clave, según el experto, está en establecer metas alcanzables y progresivas, como sumar dos porciones semanales de pescado graso o incrementar en 10 gramos diarios el consumo de fibra. Estos pequeños ajustes, acumulados en el tiempo, tienen un impacto más duradero y favorecen una adherencia sostenida.
Otra tendencia peligrosísima es el auge de dietas extremas, como la dieta carnívora, que restringen casi todos los grupos alimenticios solo a productos animales. Hanna advierte que este tipo de regímenes “son una receta para el desastre a largo plazo, ya que eliminan nutrientes esenciales presentes en frutas, verduras y granos integrales”. La carencia de vitaminas, minerales y fibra, además del exceso de grasas saturadas, puede generar problemas como la acumulación de grasa visceral y un incremento en el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La recomendación es apostar por una alimentación equilibrada, que priorice alimentos integrales, evite restricciones severas y conserve la variedad necesaria para cubrir todas las necesidades nutricionales.
Por otra parte, Hanna insiste en que muchas personas desconocen o ignoran las guías básicas de alimentación saludable. Un ejemplo claro es que menos del uno por ciento de los británicos sigue las recomendaciones oficiales del NHS, lo que demuestra una desconexión entre la ciencia y la comportamiento real. Para dar un primer paso, recomienda llevar un registro alimentario semanal. No se trata solo de contar calorías, sino de identificar patrones y áreas que puedan mejorar, facilitando así cambios sostenibles y conscientes. La flexibilidad también es fundamental: etiquetar los alimentos en binarios —como ‘bueno’ o ‘malo’— puede dañar la relación con la comida, fomentando ciclos de restricción y atracones. Mejor adoptar una postura flexible que permita disfrutar ocasionalmente de alimentos que, en otras circunstancias, serían considerados ‘prohibidos’.
El énfasis del especialista también está en no fijarse exclusivamente en la pérdida de grasa. Hanna destaca que la mejora de la capacidad cardiorrespiratoria, medida mediante ejercicios aeróbicos, es un predictor más fiable de salud a largo plazo. La actividad física regular aporta beneficios sustanciales incluso si la pérdida de peso no es significativa: ayuda a fortalecer el corazón, mejorar la respiración y elevar el ánimo, contribuyendo a una mejor calidad de vida en general.
Finalmente, Hanna recomienda distinguir entre alimentos ultraprocesados, como sodas y embutidos, que suelen tener efectos negativos sobre la salud, y alimentos procesados de calidad, como yogures o panes integrales, que pueden aportar nutrientes valiosos y en algunos casos incluso beneficios. La clave está en comprender estas diferencias y construir una dieta que sea variada, flexible y adaptada a las necesidades individuales, sin caer en extremos o prohibiciones estrictas.
En definitiva, la pérdida de grasa sostenible y saludable no se trata de seguir recetas mágicas o restricciones severas. Requiere paciencia, metas realistas, equilibrio y, sobre todo, un enfoque integral que priorice la salud física y mental. Con estos principios claros, es posible lograr cambios duraderos que beneficien no solo la apariencia, sino también el bienestar general y la longevidad.
