Durante la madrugada del sábado, Ucrania se vio asaltada por un masivo ataque con cientos de drones y misiles, sólo cuatro días después de un asalto similar por parte de Rusia. Este reciente ataque, que ha sobrevolado el país desde el norte y el este hacia el oeste, se centró en dañar aún más la ya debilitada infraestructura energética de Ucrania. Las regiones más afectadas incluyeron Rivne, Lviv, Volin, Ivano Frankivsk, así como Kiev, Járkov, Vinnitsia y Zaporiyia. Según el presidente Volodímir Zelenski, las fuerzas rusas utilizaron aproximadamente 400 drones y 40 misiles de distintos tipos, incluyendo misiles hipersónicos Zircon y de crucero Kh-101 y Kalibr. Las defensas ucranianas consiguieron derribar 406 de estos proyectiles, en un esfuerzo continuo por mitigar el impacto en la red eléctrica del país, que ya ha sufrido más de 220 ataques desde el comienzo de la invasión a gran escala.
Frente a este escenario, el presidente Zelenski ha enfatizado la necesidad de apoyo con misiles de sistemas como Patriot y NASAMS por parte de los aliados internacionales para hacer frente a la amenaza rusa, que continúa utilizando el frío como herramienta en su estrategia de ofensiva. Las temperaturas, que han sido un alivio relativo en los últimos días debido a las nevadas, se prevé que caigan nuevamente, exacerbando la situación de miles de ucranianos que han estado sin calefacción, luz y agua durante el invierno más crudo de los últimos años de conflicto. Polonia, por su parte, ha cerrado temporalmente su espacio aéreo en el sureste del país en respuesta a estos ataques y ha movilizado su aviación para defenderse. En un movimiento de represalia, Ucrania lanzó su propio ataque con drones contra Rusia, que según el Ministerio de Defensa ruso, fue interceptado en su mayoría por su sistema de defensa antiaérea.
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