
El papel de los perros de terapia ha sido históricamente presentado desde una perspectiva que destaca los beneficios que ofrecen a las personas, como el acompañamiento en hospitales y la mejora del bienestar emocional. Sin embargo, cada vez más investigaciones sugieren la necesidad de adoptar una visión más equilibrada, que considere los deseos y límites de estos animales en su trabajo. Los perros, que son entrenados para interactuar con desconocidos y aceptar caricias como parte de su labor, a menudo carecen de la libertad para elegir, lo que plantea interrogantes sobre su bienestar en situaciones de contacto repetido y obligatorio.
Un estudio reciente ha explorado el comportamiento de perros de terapia en situaciones de contacto forzado y libre elección. Los hallazgos muestran que, cuando se les permite decidir, los perros no sólo se alejan de la interacción si lo desean, sino que también mantienen la cercanía en un 78% del tiempo, lo que indica que la elección no necesariamente implica rechazo. Esta investigación refuerza la idea de que la interacción forzada puede invisibilizar el malestar de los animales. La reflexión que surge es si es coherente exigir que estos perros estén siempre disponibles para el contacto, sugiriendo que es fundamental encontrar un equilibrio que permita el bienestar tanto de los humanos como de los perros en estos programas.
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