
El célebre caso del «molinero prusiano» se remonta a un episodio de la historia del derecho en el que un rey de Prusia, Federico II el Grande, intentó expropiar un viejo molino que consideraba una intrusión visual a su palacio en Sans Souci. A pesar de una oferta generosa, el molinero recurrió a la justicia para defender su propiedad ante una orden que prohibía la expropiación por razones caprichosas. El juez falló a favor del molinero, obligando al rey a indemnizarlo y a reinstaurar el molino, lo que llevó al monarca a exclamarse satisfecho que «aún hay jueces en Berlín», una frase que ha perdurado como símbolo del sometimiento del poder al derecho.
En un contexto contemporáneo, el sistema judicial de Estados Unidos ha vuelto a evidenciar su importancia frente a la ambición de líderes, como se ha visto con la reciente decisión del Tribunal Supremo que limitó los poderes del expresidente Donald Trump para establecer aranceles sin autorización del Congreso. A pesar de su historial de controversias y ataques contra la corte, Trump se enfrenta a la resistencia de una judicatura que, a pesar de su composición conservadora, ha encontrado un consenso en la defensa del estado de derecho. Este ejemplo recuerda una vez más que, a pesar de los desafíos, el principio de que “aún hay jueces en Washington” sigue vigente, destacando la relevancia de mantener un equilibrio de poderes en la democracia.
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