
Segismundo García, propietario de las célebres cerámicas Sargadelos, ha presentado su dimisión como CEO de las factorías, una noticia que ha sacudido el mundo empresarial gallego. La renuncia fue comunicada oficialmente al Juzgado de lo Mercantil número 2 de A Coruña, marcando un abrupto final a su gestión directa que comenzó en 2014 cuando rescató a la empresa de la bancarrota. El movimiento viene acompañado de la apertura de un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que afectará a la histórica fábrica de Cervo, en Lugo, pero no a la de O Castro, en Sada. La medida, según el empresario, es en respuesta a una «altanería» y «chulería» por parte de la Inspección de Trabajo, que ha mantenido una prolongada disputa con García por las condiciones de seguridad laboral.
La tensión entre García y la Inspección de Trabajo ya había generado conflictos previo, uno de los más notables en abril pasado cuando medidas similares se implementaron tras detectarse casos de silicosis entre empleadas. En esta ocasión, inspectores realizaron una visita para verificar mejoras de seguridad en la instalación protegida como Bien de Interés Cultural, lo que precipitó la acción drástica de García. La respuesta política no se ha hecho esperar, con el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, instando al cumplimiento de la ley y expresando la disposición del gobierno gallego para mediar en el conflicto. Mientras tanto, los 86 trabajadores de producción de la planta de Cervo encontraron sorpresivamente cerradas las puertas de su lugar de trabajo, simbolizando la incertidumbre que rodea actualmente a este emblemático nombre del patrimonio cultural gallego.
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