El texto presenta una sátira sobre la figura histórica de Hernán Cortés, burlándose de las narrativas tradicionales acerca de la conquista de México. Utilizando un tono irónico y sarcástico, se argumenta que Cortés manipuló la percepción de la realidad mesoamericana, fabricando historias sobre sacrificios humanos, pirámides y figuras emblemáticas como Cuauhtémoc. El relato se adentra en lo absurdo, sugiriendo que Cortés creó monumentos y elementos culturales inexistentes en su tiempo, además de tergiversar eventos históricos en sus cartas al rey de España. En un giro postmoderno, el autor satiriza la idea de que el grafiti y algunas instituciones modernas mexicanas fueron en realidad inventos cortesianos, haciendo un paralelismo con el uso moderno del graffiti para expresar descontento social.
El texto también critica la manera en que las historias oficiales son contadas y perpetuadas, sugiriendo que en muchos casos, lo que se presenta como historia es en realidad una serie de fabricaciones y ficciones, comparables a las publicaciones actuales sin verificación. La narrativa cierra con una cita que alude a las discusiones vacías y la producción de información sin fundamento, comparándolas con grafitis inútiles en paredes blancas, destacando la importancia de discernir entre hechos históricos verificables y las leyendas o informaciones falsas que adornan los relatos del pasado. Esta crítica se extiende a la publicación y consumo moderno de información, sugiriendo una reflexión sobre cómo se valida y utiliza el conocimiento histórico y contemporáneo.
Leer noticia completa en El Pais.
