
El grupo rebelde M23-Alianza del Río Congo, respaldado por Ruanda, ha tomado el control de la estratégica ciudad de Uvira en la República Democrática del Congo (RDC), después de una semana de intensos combates que han dejado alrededor de 400 muertos. Esta ofensiva sorprende tras la firma reciente, el 4 de diciembre, de un acuerdo de paz entre Ruanda y la RDC en Estados Unidos, bajo la tutela del presidente Donald Trump, quien celebró el tratado como un avance significativo en la pacificación de la región. La ciudad de Uvira, la segunda más importante de la provincia de Kivu del Sur, es un punto clave no solo por su tamaño sino por su función como importante puerto en el lago Tanganica, una arteria vital de comercio y comunicación. El Gobierno congolés ha acusado a Ruanda de violar el alto el fuego, mientras que Ruanda devuelve la acusación señalando al ejército congoleño como el primer infractor.
La captura de Uvira también ha desencadenado el éxodo de decenas de miles de congoleños hacia el sur y hacia Burundi, cuyas fronteras han sido cerradas por el temor a un impacto mayor en su estabilidad. Esto ocurre mientras soldados burundeses, que habían estado combatiendo junto al ejército congoleño, han caído en manos del M23, quienes prometieron su liberación. Las acusaciones del gobierno congoleño sobre los proyectiles de artillería que habrían caído en territorio burundés ejemplifican el potencial desestabilizador del conflicto en la región de los Grandes Lagos. En medio de la crisis, Estados Unidos y el grupo de contacto internacional para la región, liderado por Alemania, han instado al M23 y al ejército ruandés a cesar la ofensiva y retirar las tropas. A pesar de los esfuerzos diplomáticos, el conflicto, cuyo origen se remonta al genocidio ruandés de 1994 y ha provocado más de diez millones de muertes, sigue activo y se presenta como un reto persistente a los acuerdos de paz logrados.
Leer noticia completa en El Pais.
