En el transcurso de medio siglo, un sacerdote ha sido testigo de diversas historias conmovedoras y estremecedoras en África. Durante su estancia en Benín, se enfrentó a prácticas culturales difíciles de comprender, como el sacrificio de bebés que desarrollaban primero los dientes superiores. Estas experiencias formaron parte de su vida mientras se dedicaba a su misión humanitaria y religiosa en el continente, donde el equilibrio entre las creencias ancestrales y las realidades modernas presenta desafíos constantes tanto para los lugareños como para los misioneros extranjeros.
Actualmente, el sacerdote desempeña su labor en Níger, donde ha establecido una escuela para un centenar de niños invidentes. El objetivo de esta institución es fomentar la autonomía de estos jóvenes al enseñarles habilidades prácticas, además de proporcionarles educación en braille, lo que les abre nuevas posibilidades de comunicación y aprendizaje. A través de su trabajo incansable, busca brindarles un futuro más esperanzador, lleno de oportunidades que les permitan superar las barreras impuestas por su discapacidad visual en una sociedad donde las limitaciones a menudo se magnifican por la falta de recursos y apoyo institucional.
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