En un esfuerzo por combatir la violencia de género en Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha lanzado el Pacto Nacional contra el Feminicidio, una iniciativa que reúne a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial del país. Impulsado por la persistencia de su esposa, la socióloga Janja da Silva, Lula ha declarado públicamente su concienciación sobre la gravedad de la violencia machista, una cuestión que ha resistido a pesar de un marco legal ya robusto. El pacto es presentado en un contexto donde, a pesar de las 70 medidas de protección que se dictan cada hora, en 2025 se reportaron 1,530 feminicidios, una alarmante cifra récord. Lula enfatiza la necesidad de que los hombres también se involucren activamente en la erradicación de esta violencia, afirmando que deben ser parte de la solución a un problema que afecta diariamente a las mujeres del país.
El anuncio del pacto, sin embargo, no estuvo acompañado por cifras presupuestarias concretas, lo que genera incertidumbre sobre la implementación efectiva de las medidas planificadas. La diplomática Vanessa Dolce de Faria resalta que este pacto, al ser coordinado por la Presidencia de la República, subraya su importancia política, similar a pactos previos sobre la transición ecológica y defensa de la democracia. Sin embargo, críticas indican que para muchas víctimas como Larissa Maria de Oliveira, asesinada junto a su hija por su pareja, el pacto llega demasiado tarde. Activistas como Regina Jardim, creadora del memorial “Quem Ama Liberta”, insisten en que el cambio requiere más que promesas, presionando para que se garantice la protección adecuada de las denunciantes y se combatida la cultura machista desde la raíz. Lula, extendiendo su lucha a nivel internacional, busca cooperación en América Latina, subrayando que este flagelo no es solo una batalla de mujeres, sino una responsabilidad compartida por todos.
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