
Los mercados financieros han mostrado su descontento desde primeras horas de este viernes castigando la deuda pública del Reino Unido y la libra esterlina, en respuesta al nuevo cambio de rumbo del Gobierno liderado por el primer ministro, Keir Starmer. La decisión de retractarse de una propuesta para aumentar el impuesto sobre la renta para las clases medias y altas ha generado incertidumbre acerca de su liderazgo. La medida, que inicialmente había sido presentada por la ministra de Economía, Rachel Reeves, fue vista como una estrategia necesaria para corregir un desequilibrio fiscal de casi 34.000 millones de euros. Sin embargo, el temor a una rebelión interna dentro del partido laborista y la caída en popularidad de Starmer según las encuestas, han llevado al Gobierno a redirigir el curso, generando así una nueva crisis de confianza económica.
Ante esta situación, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR) ha sido informada del cambio de planes, lo que ha generado un debate sobre la credibilidad de las finanzas públicas del Instituto de Investigación “Resolution Foundation”, vinculado al Gobierno. La decisión de descartar la subida de impuestos ha sido reemplazada por un conjunto de medidas menos claras, que incluyen el aumento de ciertos tramos impositivos, así como gravámenes sobre juegos y propiedades de lujo. Lee Hardman, analista de MUFG, apunta que sin la subida original del impuesto sobre la renta, la estrategia del gobierno carece de credibilidad. Dentro del gabinete, Reeves enfrenta críticas por su firme defensa de la ortodoxia fiscal, lo que ha generado recortes sociales y aumentos de austeridad, pese al apoyo del primer ministro. La gestión de la situación muestra una clara vulnerabilidad tanto ante la opinión pública como dentro del partido, que ahora enfrenta la amenaza de desafíos internos que podrían afectar su estabilidad.
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