
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha adoptado una postura firme contra la guerra promovida por Donald Trump y Benjamín Netanyahu, evocando el espíritu del «no a la guerra» que movilizó a la izquierda española en 2003. En su declaración institucional desde La Moncloa, Sánchez recordó el impacto negativo de la invasión de Irak por parte de una administración estadounidense anterior, subrayando que provocó un aumento del terrorismo, crisis migratorias y económicas. En línea con esta memoria histórica, retoma una posición de resistencia a cualquier quiebra del derecho internacional y a la resolución de conflictos mediante la violencia, argumentando que solo un enfoque diplomático puede llevar a soluciones sostenibles. Sánchez también destacó que su posición no está aislada, sino respaldada por millones de personas y valores comunes con la Constitución, la Unión Europea y la ONU, manifestando su rechazo a cualquier complicidad por temor a represalias internacionales.
Ante las recientes amenazas de Trump de bloquear el comercio con España, Sánchez insistió en que España no puede responder a una ilegalidad con otra y tiene derecho a mantener una posición independiente como socio en la OTAN y la UE. El Ejecutivo español ya ha rechazado el uso de las bases militares españolas por parte de Estados Unidos en la ofensiva contra Irán, lo que provocó que Trump amenazara con un «embargo» comercial. España se prepara para las posibles consecuencias económicas y humanitarias de una guerra prolongada, con el Gobierno ya desarrollando un nuevo escudo social para proteger a sus ciudadanos, similar a las medidas adoptadas durante la pandemia. Con un enfoque centrado en la paz y la legalidad internacional, Sánchez busca evitar los errores del pasado y prevenir que errores de cálculo lleven a escalar conflictos globales.
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