
Los recientes ataques aéreos de Pakistán en Kabul y otras áreas de Afganistán han generado una escalada de tensión entre los talibanes y el régimen militar paquistaní. Según el portavoz del Gobierno afgano, Zabihullah Mujahid, los bombardeos han dejado al menos cuatro muertos en la capital, incluyendo civiles, y han impactado un depósito de combustible vinculado a la aviación civil. Mujahid condenó enérgicamente lo que calificó como «crimen» y «agresión flagrante», prometiendo que estas acciones no quedarían sin respuesta. Estos acontecimientos ocurren sólo dos semanas después de un ataque similar, lo que eleva la preocupación sobre un conflicto prolongado en la región.
El ministro de Defensa talibán, Mohammad Yaqoob Mujahid, ha advertido que Kabul responderá a cualquier nuevo ataque de Islamabad, enfatizando que sus fuerzas están listas para un enfrentamiento. Pakistán, por su parte, justifica sus bombarderos como acciones dirigidas contra el grupo insurgente Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), a quienes acusa de orquestar violencia en territorio paquistaní con la complicidad de los talibanes afganos. Sin embargo, el Gobierno talibán ha rechazado estas afirmaciones, insistiendo en que el TTP no opera desde Afganistán ni emplea su territorio para planear ataques. La situación se torna cada vez más delicada mientras ambos países se enfrentan a una creciente fricción.
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