

Más de 250 organizaciones, movimientos y colectivos de Madrid, junto con otros de distintos territorios, han alzado la voz para exigir la cancelación del partido de baloncesto que enfrentará al Real Madrid y al Maccabi Tel Aviv, programado para el próximo 8 de enero. Este llamado a la acción se produce en un contexto de creciente preocupación por la implicancia política y simbólica de celebrar un evento deportivo con equipos que podrían estar asociados, directa o indirectamente, a conflictos internacionales.
En respuesta a la presión social y las demandas de estas organizaciones, el Real Madrid ha anunciado que el partido se llevará a cabo a puerta cerrada. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para los colectivos que lideran la campaña, quienes insisten en que el deporte no debe permanecer al margen de las violaciones de derechos humanos ni ampararse en una supuesta neutralidad.
Las organizaciones argumentan que permitir la celebración de este encuentro deportivo constituiría una forma de complicidad, tanto política como simbólica, con actos que consideran inaceptables en la esfera internacional. Por lo tanto, han solicitado a las instituciones competentes que adopten las medidas administrativas y políticas necesarias para evitar que el partido tenga lugar. Además, planean movilizarse el mismo día del evento a las afueras del Movistar Arena, el lugar donde se celebrará el partido.
La polémica no se limita a Madrid. En Barcelona, la presión social logró que el partido entre el Barça y el Maccabi Tel Aviv, programado para el 6 de enero, se juegue también sin público. Pero como en el caso de Madrid, la demanda de suspensión definitiva sigue vigente.
Con el lema «Con el genocidio no se juega», las organizaciones involucradas buscan concienciar al público y a las autoridades sobre la importancia de que el deporte actúe en consonancia con los principios humanitarios y de derechos humanos. La campaña continúa ganando adherentes, alimentando el debate sobre el papel del deporte en la política internacional y la responsabilidad de los clubes deportivos frente a situaciones de conflicto.
Fuente: CGT
