La transformación del sistema financiero en México está en pleno apogeo gracias a la creciente presencia de neobancos y fintechs. Estos actores emergentes están reconfigurando un sector históricamente dominado por grandes bancos y capitales, desafiando la normatividad bancaria con enfoques más digitales y accesibles. En un contexto donde la economía crece a un ritmo menor que el 1% y el acceso al crédito apenas alcanza el 35% del PIB, las nuevas entidades bancarias buscan capitalizar un mercado donde la banca tradicional ha dejado huecos significativos. Recientemente, el regulador bancario mexicano ha otorgado licencias a un grupo selecto de estas entidades, incluyendo nombres destacables como Revolut y Ualá, quienes, junto a otros como Plata y Hey Banco, buscan ampliar la oferta de servicios financieros en México. Sin embargo, este auge se enfrenta a un entorno económico retador, donde el acceso al crédito sigue siendo un desafío importante, resaltado por la presidenta Claudia Sheinbaum.
A pesar de las barreras, las fintechs han comenzado a migrar hacia el sector bancario tradicional, impulsadas por la necesidad de expandir sus servicios y asegurar un mayor respaldo regulatorio. Este cambio les permite captar depósitos y ofrecer productos avanzados como hipotecas e inversiones complejas. La banca tradicional, consciente de su necesidad de adaptarse, está respondiendo creando sus propios neobancos y mejorando sus aplicaciones móviles para no quedar rezagada. Además, entidades como BBVA y Santander han inyectado millones en sus plataformas digitales para atraer y retener clientes. Jorge Sánchez Tello, consultor financiero, señala que esta evolución está abriendo oportunidades para segmentos previamente desatendidos, como jóvenes y pequeñas empresas, al eliminar las barreras de acceso y comisiones. A pesar de las complejidades, la banca en México continúa mostrando su rentabilidad, con ganancias récord en 2025, lo que fomenta un interés creciente en el sector.
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