Nasry Asfura asumió la presidencia de Honduras para el periodo 2026-2030 en una sencilla ceremonia realizada en el Congreso Nacional de Tegucigalpa. El acto, al que asistieron unos 200 invitados, se distinguió por la ausencia de mandatarios de países vecinos y de la presidenta saliente, Xiomara Castro, quien había calificado el triunfo de Asfura como un «gobierno de facto» resultante de un «monstruoso fraude electoral». A pesar del respaldo que recibió del expresidente estadounidense Donald Trump, el nuevo mandatario no hizo referencia a la representante de Estados Unidos en Honduras durante su breve discurso. La ceremonia incluyó una salida al entarimado donde Asfura saludó a un grupo reducido de simpatizantes. Previamente, el país había pasado por un tenso escrutinio electoral que sumió a Honduras en incertidumbre durante un mes.
El mandatario comenzó su gestión sin presentar el gabinete completo, lo cual había sido esperado. En su discurso de asunción, Asfura fue parco y no profundizó en temas críticos como el crimen organizado y el narcotráfico; además, evitó tocar el tema pandillas, a pesar de que el régimen de excepción establecido por la administración anterior no sería renovado. Asfura hizo breves menciones sobre la seguridad, salud y educación, señalando que «el tiempo empezó a correr, no lo podemos desperdiciar». En materia de salud, se debate un proyecto de privatización parcial del sistema público. El traspaso de poderes fue discreto, en gran contraste con ceremonias anteriores, con una celebración reducida que atrajo a menos personas, mientras las inmediaciones del Congreso eran estrictamente vigiladas por el ejército debido a recientes incidentes violentos.
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