

En una mañana cargada de significado histórico y emotivo, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, presidió la inauguración de una escultura dedicada al ingeniero Agustín de Betancourt. Este acto, celebrado en pleno corazón del distrito de Chamberí, contó con la participación de figuras destacadas como Marta Rivera de la Cruz, delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Jaime González Taboada, concejal de Chamberí, así como Miguel Ángel Carrillo, presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, y el escultor Fernando Flórez, autor de la obra.
Con el monumento, una imponente figura de bronce montada sobre un pedestal de granito, se busca rendir homenaje a un visionario cuyo legado ha dejado huella tanto en la ingeniería española como internacional. Agustín de Betancourt y Molina, nacido en Tenerife en 1758 y fallecido en San Petersburgo en 1824, fue recordado por Almeida como un transformador de su tiempo. «Betancourt ha marcado la historia de España», declaró el alcalde, subrayando la profunda influencia que tuvo en la configuración de la actual ciudad de Madrid. No obstante, su tributo se extendió más allá de la figura del ingeniero, reconociendo el impacto de toda la profesión en la transformación de la capital durante las últimas décadas.
La iniciativa del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, responsable de este significativo homenaje, coincide con el bicentenario del fallecimiento de Betancourt, celebrado en 2024. Situada en un espacio ajardinado de la calle de Agustín de Betancourt, 7, la escultura constituye un símbolo de gratitud y reconocimiento hacia aquellos que, como Betancourt, han dedicado su vida al avance de la sociedad mediante la ingeniería.
El legado de Agustín de Betancourt trasciende fronteras, con una carrera que lo llevó a desempeñar roles cruciales no solo en España sino también en países como Francia, Inglaterra y Rusia. Allí, Betancourt asumió responsabilidades de gran envergadura en infraestructuras y planificación técnica. Ingeniero, inventor y académico, su obra abarcó desde la ingeniería civil y las infraestructuras públicas hasta innovaciones germinales en mecánica, energía y telecomunicaciones, sentando las bases de la ingeniería moderna y forjando el camino para generaciones venideras.
La jornada concluyó con un reconocimiento compartido de la importancia de las aportaciones de Betancourt, no solo como pionero de su época, sino también como inspiración para los ingenieros de hoy que continúan impulsando el desarrollo tecnológico y urbanístico de ciudades como Madrid. Una memorable ceremonia que fusionó el arte y la ciencia para perpetuar la memoria de un hombre cuya visión y compromiso cambiaron el curso de la historia.
