

El café, esa bebida arraigada en la rutina diaria de millones, ha sido durante mucho tiempo objeto de debate respecto a sus efectos en la salud. Sin embargo, investigaciones recientes parecen darle la razón a quienes disfrutan de su aroma y sabor, resaltando beneficios que van más allá de la simple energía que proporciona por las mañanas.
Según diversos estudios científicos y expertos en nutrición, el café se ha consolidado como la principal fuente de antioxidantes en la dieta de muchas comunidades, incluida la estadounidense. Los polifenoles presentes en la bebida actúan como defensores contra la inflamación y contribuyen a reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Estos compuestos tienen la capacidad de nutrir la microbiota intestinal, una comunidad de microorganismos que juega un papel clave en nuestro bienestar general.
Uno de los especialistas destacados, el profesor Tim Spector, explica que “para la mayoría de las personas, el café es beneficioso”. La clave, señala, está en sus polifenoles, que favorecen una microbiota intestinal saludable, mejoran el metabolismo y disminuyen procesos inflamatorios. Además, resalta que el café también aporta fibra: una taza contiene aproximadamente 1,5 gramos, lo que ayuda a completar la ingesta diaria recomendada y favorece la salud digestiva.
Contrario a antiguas creencias, la interacción entre leche y café no necesariamente anula sus propiedades antioxidantes, pues estudios recientes del Instituto de Copenhague sugieren que la combinación puede incluso potenciar sus efectos antiinflamatorios. Aunque las proteínas lácteas pueden influir en los polifenoles, consumir café con leche no implica perder todos sus beneficios. Sin embargo, expertos advierten sobre las leches vegetales con aditivos y sobre el consumo excesivo de bebidas en formato latte, que pueden tener un impacto negativo si se ingieren en exceso.
El método de preparación también determina qué beneficios obtenemos. El café filtrado, por ejemplo, se considera más saludable porque elimina compuestos como el cafestol y el kahweol, que en exceso pueden elevar los niveles de colesterol LDL, conocido como “el malo”. En cambio, el café de prensa francesa, popular por su sabor intenso, contiene estos compuestos oleosos que, en exceso, podrían ser perjudiciales.
Otra cuestión que suele generar controversia es el agregar azúcares, jarabes o cremas azucaradas, transformando la bebida en un postre calórico y poco saludable. Los especialistas advierten que este tipo de consumos convierten a lo que debería ser un alimento nutritivo en un posible enemigo metabólico, elevando los niveles de glucemia y potenciando riesgos asociados a la obesidad y la diabetes.
Sobre el momento ideal para tomar café, los expertos recomiendan hacerlo por la mañana, preferiblemente antes del mediodía, ya que la cafeína puede alterar el ciclo de sueño si se consume más tarde. Estudios recientes también demuestran que quienes optan por esta bebida en las primeras horas tienen menor mortalidad a largo plazo, vinculada a su relación con los ritmos circadianos y la respuesta del cortisol.
En cuanto a las variedades, el café descafeinado aparece como una opción adecuada para quienes buscan reducir el impacto de la cafeína sin perder todos los beneficios del café. Mantenerse en lo posible en opciones que prioricen procesos de extracción natural, como el método Swiss Water, ayuda a minimizar residuos y a elegir productos más saludables.
Finalmente, un aspecto importante que continúa en estudio es la presencia de microplásticos en las bebidas envasadas. Aunque todavía no hay evidencias concluyentes sobre efectos a largo plazo, reducir la exposición a estos elementos, optando por preparar el café en vasos reutilizables, es una recomendación sencilla y ecológica.
En definitiva, la ciencia muestra que el café, consumido con moderación y en las condiciones adecuadas, puede ser un aliado para mejorar nuestra salud metabólica, reforzar nuestro sistema inmunológico y potenciar nuestra longevidad. La clave está en la forma, el momento y la calidad con la que lo disfrutamos, siempre siguiendo las recomendaciones de los especialistas y prestando atención a las particularidades de nuestro organismo.
