
La relación entre Copenhague y Washington ha alcanzado niveles preocupantes de tensión debido a las insistentes amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de anexionarse Groenlandia. En declaraciones realizadas a bordo del Air Force One, Trump justificó su interés en la isla como una necesidad de seguridad nacional para Estados Unidos, llegando incluso a bromear sobre el aumento de la seguridad en Groenlandia por parte de Dinamarca. Esta provocación no ha caído bien en Dinamarca ni en Groenlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, han pedido al mandatario estadounidense que cese con sus amenazas. Nielsen, desde un comunicado en Facebook, se mostró dispuesto al diálogo, pero sin presiones ni fantasías de anexión.
A nivel internacional, los países nórdicos y bálticos han manifestado su apoyo a Dinamarca, subrayando que la decisión sobre Groenlandia recae únicamente en Dinamarca y la propia Groenlandia. El presidente finlandés, Alexander Stubb, así como el presidente de Letonia, Edgars Rinkevics, han enfatizado la solidez democrática de Dinamarca y la necesidad de resolver cualquier conflicto a través del diálogo directo. La Comisión Europea, aunque más cauta, ha reafirmado su solidaridad con Dinamarca y la inviolabilidad de las fronteras. Además, el ministro de Asuntos Exteriores alemán ha mencionado la posibilidad de que la OTAN evalúe su protección sobre Groenlandia. Frente a esta controversia, Groenlandia, rica en recursos estratégicos, sigue siendo un punto focal para las tensiones diplomáticas entre las naciones.
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