

Las reservas mundiales de petróleo se aproximan a mínimos históricos justo antes del pico de consumo del verano en el hemisferio norte. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) lo advirtió esta semana a través de su división de industria y mercados: si el ritmo de agotamiento actual continúa, las existencias comerciales y estratégicas podrían tocar niveles que no se venían en décadas, con el riesgo de desencadenar una crisis de suministro justo cuando la demanda alcanza su punto anual más alto.
La AIE estima que la guerra con Irán reducirá la oferta en unos 3,9 millones de barriles diarios a lo largo de 2026, una cifra que supera con amplitud las previsiones anteriores. Al mismo tiempo, la demanda global también se desacelera, aunque con menor intensidad: la caída estimada es de unos 420.000 barriles diarios, consecuencia directa de los precios elevados y de la contracción económica en algunos mercados. El resultado es una reducción neta de la oferta disponible que presiona al alza los precios.
La liberación de reservas estratégicas por parte de los países consumidores aportó en semanas recientes unos 2,5 millones de barriles diarios, pero ya se considera insuficiente para equilibrar el mercado. La situación se agrava con las amenazas de Teherán de cerrar el estrecho de Ormuz, paso obligado de entre el 20% y el 25% del petróleo que se transporta por mar en el mundo. Irán también suspendió las negociaciones con Estados Unidos, alegando que la escalada israelí en Líbano contradice las señales del gobierno estadounidense.
Los mercados reflejan la incertidumbre. El Brent, referencia europea, llegó a $94,34 por barril tras una subida del 3,18%, para luego caer un 0,67%. El West Texas Intermediate (WTI) disparó un 5,49% antes de estabilizarse en torno a los $91,42. Esas oscilaciones apuntan a un mercado sin dirección clara, sensible a cualquier movimiento diplomático o militar en Oriente Próximo. En ese contexto de incertidumbre energética, los bancos europeos también navégan un ciclo de mayor riesgo que el año anterior, con la inflación energética como uno de los factores que condiciona la calidad crediticia.
La Unión Europea y Estados Unidos observan con preocupación las implicaciones para la seguridad energética. Una nueva escalada de tensiones podría elevar aún más los precios de la energía, con efectos directos sobre la inflación y el consumo de los hogares. En España, donde el coste energético tiene un peso significativo en el gasto de las familias, la mejora del empleo en Madrid en mayo ofrece algo de margen, aunque no aísla a la economía de un posible repunte del precio del crudo.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) es el organismo de referencia mundial para el seguimiento del mercado energético. Sus alertas sobre reservas o demanda tienen impacto directo en los mercados y en las decisiones de política energética de los países miembros.
La AIE estima una reducción de unos 3,9 millones de barriles diarios durante 2026, por encima de las previsiones anteriores.
Llegó a $94,34 por barril tras una subida del 3,18%, para luego retroceder un 0,67%. El WTI, referencia estadounidense, se sitúa en torno a los $91,42.
El estrecho de Ormuz canaliza entre el 20% y el 25% del petróleo transportado por mar en el mundo. Su cierre provocaría una disruption severa en el suministro global y dispararía los precios del crudo.
