

En el mundo laboral actual, la estabilidad y la percepción de seguridad no siempre van de la mano con el rendimiento o la competencia de los empleados. Muchas personas creen, erróneamente, que cumplir con sus objetivos, mostrar un buen desempeño y mantener una buena relación con la empresa garantizan una posición segura. Sin embargo, expertos en recursos humanos advierten que esta idea es un mito que puede generar falsas expectativas y aumentar la ansiedad de quienes temen perder su empleo.
Recientemente, Rafael Alonso, un reconocido especialista en recursos humanos, compartió en un video difundido en TikTok que «ser competente y cumplir con las metas no garantiza la estabilidad laboral». Alonso explicó que muchas compañías solo valoran a sus empleados cuando están a punto de irse o cuando presentan una baja voluntaria, dejando de lado que el rendimiento no siempre es un indicativo suficiente de seguridad laboral. Desde esta perspectiva, el despido no debe considerarse como un fracaso personal o profesional, sino como una decisión que responde a múltiples factores internos y externos a la valoración individual.
El entorno empresarial también contribuye a la percepción errónea de que hacer bien el trabajo protege contra el despido. Sin embargo, la realidad muestra que muchas veces las decisiones de salida se deben a reestructuraciones, cambios estratégicos, conflictos internos o decisiones económicas. Personas que desempeñan su labor de manera impecable, sin errores groseros, pueden terminar siendo despedidas sin que su rendimiento sea cuestionado, simplemente por motivos ajenos a su trabajo.
Este desconocimiento puede generar un estado de incertidumbre y ansiedad que afecta la salud emocional de los trabajadores. La llamada «ansiedad por despido» se presenta como una forma de estrés prolongado que, si no se maneja adecuadamente, puede derivar en problemas psicológicos importantes. La sensación de inseguridad y la pérdida de control sobre el futuro laboral crean un escenario de alerta constante que afecta tanto el bienestar emocional como el rendimiento en el empleo.
En este contexto, expertos recomiendan disociar la identidad personal del puesto de trabajo y adoptar una perspectiva más racional respecto a la estabilidad laboral. Alonso invita a los empleados a entender que un despido no define su valía ni su competencia, sino que responde a dinámicas propias del mercado y de la estrategia empresarial. La clave está en mantener una relación saludable con el trabajo, sin que la autoestima dependa exclusivamente del puesto o del reconocimiento inmediato.
Asimismo, es fundamental gestionar el miedo desde una visión racional y evitar culparse ante decisiones que, muchas veces, están fuera del control individual. La preparación emocional, junto con la comprensión de que el entorno laboral es cambiante, permite afrontar mejor las posibles incertidumbres y reducir el impacto del estrés asociado.
Finalmente, la evidencia respalda que el despido, en muchos casos, no es un reflejo del rendimiento personal, sino una herramienta legal para que las empresas puedan adaptarse a nuevos contextos sin que ello signifique un fracaso profesional. Reconocer esto ayuda a disminuir la percepción de vulnerabilidad y a promover una actitud más equilibrada y resiliente frente a los cambios laborales.
