

La oxitocina, conocida popularmente como la «hormona del amor», ha sido objeto de creciente interés en el ámbito de la salud mental y las relaciones humanas. Durante un programa de Infobae en Vivo, la psiquiatra Liliana Hepner explicó a fondo cómo esta sustancia natural desempeña un papel fundamental en la creación de vínculos afectivos, el bienestar emocional y la empatía.
Hepner destacó que la oxitocina se libera en momentos de conexión, placer y contacto afectivo, facilitando una sensación de felicidad y fortaleciendo los lazos entre las personas. La especialista precisó que, aunque suele vincularse con experiencias como el embarazo, el parto y la lactancia, todos los seres humanos producimos oxitocina en distintas ocasiones cotidianas, como los abrazos, las conversaciones afectuosas o la compañía de seres queridos. Esto convierte a esta hormona en una aliada natural para promover relaciones saludables y mejorar nuestra salud emocional.
Según la experta, la producción de oxitocina se origina en el hipotálamo, una pequeña región del cerebro, desde donde se libera al torrente sanguíneo mediante la neurohipófisis. Aunque en su función clásica se relaciona con el trabajo de parto y la lactancia, la oxitocina también desempeña un papel crucial en la generación de sentimientos de alegría, amor y empatía, que se potencian durante actividades sencillas pero significativas, como compartir una sonrisa, acariciar una mascota o dar un buen consejo.
Diferenciando a esta hormona de otros neurotransmisores como la serotonina, Hepner explicó que la oxitocina tiene la capacidad de influir en nuestras conductas sociales y en la formación de vínculos. La falta de oxitocina puede afectar la empatía, la motivación y la capacidad de vincularse con otros, mientras que su presencia promueve comportamientos positivos que fortalecen la salud mental y social.
La especialista subrayó la importancia de adoptar hábitos de autocuidado que favorezcan su producción. Actividades como desconectarse del estrés diario, reír, abrazar, disfrutar de una charla sincera o cuidar a una mascota, ayudan a segregar esta hormona natural, sirviendo además como un antídoto contra el estrés y el cortisol, que en exceso puede disminuir nuestro sistema inmunológico y derivar en diversas enfermedades.
Uno de los aspectos resaltados fue la relación entre el estrés y la salud. Cuando estamos bajo presión, el cuerpo libera cortisol, una hormona que, en niveles elevados, puede debilitarnos y afectar nuestra salud física y emocional. Por ello, encontrar el equilibrio mediante la incorporación de pequeños momentos de placer y vínculos sanos resulta vital para mantener niveles adecuados de oxitocina y, en consecuencia, nuestro bienestar general.
La clave, según Hepner, es planificar actividades que aunque no siempre resulten fáciles, aporten placer y contribuyan a fortalecer nuestros vínculos. Desde reconocer y disfrutar un simple gesto de cariño hasta hacer ejercicio o compartir un momento con amigos, todos estos hábitos contribuyen a una mejor regulación emocional. La profesional también advierte que, en caso de persistente apatía, desinterés o pérdida del placer en la vida cotidiana, es fundamental buscar ayuda profesional.
En definitiva, la interacción social, la autonomía en la búsqueda de experiencias placenteras y el autocuidado consciente emergen como pilares para una vida emocional equilibrada. La producción de oxitocina no solo favorece las relaciones afectivas, sino que también actúa como un componente clave en la promoción de la salud mental y física. En palabras de Hepner, “la salida siempre es de a dos”: tanto al ofrecer como al recibir, la clave está en compartir, conectar y cuidar de uno mismo y del otro, construyendo así una vida más plena y saludable.
