La guerra en Oriente Próximo, que el expresidente Donald Trump había considerado «casi terminada», continúa ampliándose. Un mes después de que Estados Unidos e Israel iniciaran una serie de bombardeos en los que fallecieron líderes iraníes, incluyendo al líder supremo Ali Jameneí, los rebeldes hutíes de Yemen se han unido al conflicto con un ataque contra Israel. Aunque sus arremetidas, con misiles y drones, abren un nuevo frente tras su involucración en la resistencia por las matanzas en Gaza en 2025, lo más preocupante es su capacidad de bloquear importantes corredores marítimos, como el estrecho de Bab al Mandeb, sumándose al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Yahya Saree, portavoz militar de los hutíes, ha señalado que este movimiento apoya a Irán y sus aliados en Líbano, Irak y Palestina, y ha asegurado que las acciones continuarán hasta que se logren sus objetivos y cese la agresión a todos los frentes de la resistencia pro-iraní.
Mientras tanto, los servicios de inteligencia israelíes ya habían previsto la participación de los hutíes, quienes controlan una importante región en el noroeste de Yemen, incluyendo la capital Saná. Este control estratégico les permite atacar desde el sur de Israel hasta bases estadounidenses en el Golfo, aumentando la tensión en la región. El bloqueo de Bab al Mandeb podría tener repercusiones globales, afectando el tránsito de mercancías esenciales que pasan por el canal de Suez hacia Europa. En este contexto, Mohammed Mansur, viceministro de Información hutí, ha dejado claro que no descartan cerrar esta ruta como parte de su «batalla por etapas». A lo largo de los últimos años, los hutíes han demostrado su capacidad de impactar en el comercio marítimo mediante ataques constantes a buques mercantes, lo que añade una capa más de complejidad a este conflicto en escalada.
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