Claudia Sheinbaum ha intensificado su esfuerzo por afianzar el modelo de gobierno que inició Andrés Manuel López Obrador en 2018. En medio de una crisis política desencadenada por el asesinato del alcalde de Uruapan, Sheinbaum ha elevado su tono político, consolidando su liderazgo dentro de Morena y enfrentándose a las críticas y desafíos desde la calle. La marcha del 15 de noviembre, que culminó en violencia, marcó el primer gran reto para Sheinbaum, quien mostró una postura firme y decidida, dispuesta a confrontar a quienes desafían su gobierno. En su primer año de mandato, ha trabajado para subsanar el déficit presupuestario y ajustar áreas clave como la salud y el sistema judicial, mientras busca centralizar más el poder, siguiendo los pasos de su predecesor.
Sheinbaum también experimenta una transformación en su estilo de liderazgo, adoptando un enfoque más confrontativo e intransigente. Desde la crisis provocada por la muerte del alcalde Manzo, ha dejado claro su compromiso con el obradorismo, identificando a la «ultraderecha» como un nuevo adversario. A medida que promueve reformas para alinear la revocación de mandato con las elecciones de 2027, asume riesgos políticos significativos, buscando consolidar su posición y la del movimiento que lidera. En este contexto, pretende no solo mantener la unidad del partido sino también extender su influencia a nivel nacional, enfrentando las críticas tanto desde dentro como fuera de su administración. Su objetivo es entregar un movimiento robusto y cohesionado a su sucesor, pese a las dificultades actuales y los desafíos que puedan surgir en el futuro.
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