

A partir de mañana, los amantes de los trenes y los nostálgicos del transporte público tendrán una oportunidad única de llevarse a casa un pedazo de historia ferroviaria. El suburbano de la capital lanza a la venta pequeñas esculturas hechas de fragmentos de carril, cada una con un precio de 24,95 euros. Este particular recuerdo estará disponible tanto en la tienda online oficial como en puntos seleccionados: las estaciones de Ópera, Sol y Plaza de Castilla, además de la sede central de la compañía metropolitana ubicada en la Avenida Príncipe de Asturias.
Estos fragmentos, del modelo 54E1, han sido una parte esencial en la vida diaria de millones de viajeros. Fabricados en acero de grado R260 por la industria metalúrgica de Gijón, estos carriles han demostrado su resistencia, soportando el peso y la presión de trenes de hasta 138 toneladas. Diseñados para enfrentar condiciones extremas de temperatura y humedad, estos materiales notables ahora se reinventan como esculturas, manteniendo vivo un legado de décadas de servicio.
La línea 6 del metro, conocida como «Circular», figura como la más transitada, con un impresionante promedio de 400,000 usuarios diarios. Su construcción se inició en 1969, abriendo al público el 11 de octubre de 1979. Desde entonces, ha experimentado diversas ampliaciones, la última de ellas en 2007 con la inclusión de la estación de Arganzuela-Planetario, alcanzando un total de 28 estaciones.
El futuro de la línea 6 está marcado por la modernización. Actualmente, está en marcha una renovación integral que se espera completar en 2027, prometiendo convertirla en la primera línea automatizada de la red de Metro. Este sábado, se reanudará el servicio completo tras la finalización de las obras en el arco este, entre las estaciones de Legazpi y Moncloa, pasando por Avenida de América. A partir de enero, se dará inicio a la instalación de puertas de andén, un proyecto que se llevará a cabo sin interrumpir el funcionamiento diurno habitual de la línea.
Mientras el suburbano mira hacia un futuro tecnológico, ofrece una oportunidad inédita de conectarse con su pasado a través de estas esculturas. Cada pieza no solo es un objeto decorativo, sino un testimonio del intrincado entramado urbano que ha facilitado la movilidad en la capital durante décadas.
