

La desigualdad económica entre hombres y mujeres en España no se reduce al final de la vida laboral; al contrario, se mantiene y en muchos casos se profundiza en la etapa de jubilación. Un informe reciente elaborado por UGT Madrid revela que, en promedio, los hombres perciben una pensión anual de 22.435 euros, mientras que las mujeres reciben aproximadamente 17.073 euros. Esta diferencia de casi el 24% refleja una realidad persistente y estructural que impacta significativamente en la calidad de vida de las mujeres en su vejez.
Más allá de la diferencia en los importes absolutos, el estudio señala que el porcentaje del salario medio que reciben en forma de pensión también está claramente desigualado: los hombres reciben, en promedio, una pensión equivalente al 81,8% de su salario anual, mientras que en el caso de las mujeres esa proporción baja al 76,7%. Este dato evidencia cómo las brechas salariales y de aportaciones durante las carreras laborales se trasladan a la etapa de jubilación, enriqueciendo la desigualdad.
El análisis de los datos fiscales de 2024 revela que las mujeres enfrentaron a lo largo de su trayectoria laboral una diferencia de ingresos del 18,8% respecto a los hombres. La diferencia en los salarios medios anuales, que alcanza los 5.156 euros, se traduce en una menor cuantía en las pensiones futuras. Además, las carreras laborales femeninas suelen estar marcadas por interrupciones y trabajos con contratos temporales o parciales, influenciados por responsabilidades familiares y dificultades para mantener empleos estables.
Estas disparidades se ven acentuadas en los niveles territoriales. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, evidencia una brecha del 25,57% en las pensiones, con los hombres alcanzando una pensión media de 27.027 euros frente a los 20.117 euros de las mujeres. En cambio, regiones como Canarias y Extremadura presentan diferencias menores, pero ello no implica que exista mayor igualdad, sino que los salarios y pensiones en esos territorios son por debajo de la media, reduciendo la brecha en cifras absolutas.
La influencia de sectores económicos históricos y perfiles laborales también configura estas desigualdades. Asturias ilustra este fenómeno: los hombres reciben las pensiones más altas del país, en promedio 27.277 euros anuales, debido a décadas de empleo en sectores tradicionales como la minería y la siderurgia, ámbitos que también generan un alto volumen de pensiones por incapacidad. Sin embargo, esta concentración laboral en actividades masculinas provoca que las mujeres, en comparación, perciban unos 8.860 euros menos al año y mantengan una brecha de más del 32%.
La proporción del salario medio que representa la pensión, además, no se explica únicamente por los menores ingresos durante la vida activa. Otro factor clave es la dependencia de muchas mujeres de pensiones de viudedad, dada su menor participación en empleos estables. La fragmentación de carreras, las lagunas en cotizaciones por responsabilidades familiares, y la mayor precariedad laboral también afectan sus futuras pensiones, que en promedio se sitúan en niveles inferiores y con menor proporcionalidad.
Para el conjunto del sistema de pensiones, esto significa que las mujeres enfrentan una penalización adicional en la etapa de jubilación. El sistema contributivo, basado en años cotizados y bases de cotización, premia la continuidad y actividades con altos ingresos; por ello, quienes han tenido empleos menos estables o con menores remuneraciones, principalmente las mujeres, terminan con pensiones significativamente menores. Los cálculos indican que, en promedio, las mujeres reciben unas 5.362 euros menos anualmente que los hombres en su jubilación, sumado a los efectos de las brechas salariales persistentes.
A nivel territorial, esta desigualdad se manifiesta con matices. La comunidad de Asturias muestra una de las diferencias más elevadas, en torno al 32,48%, debido a su pasado industrial y a sectores tradicionales masculinizados. En contraste, regiones como Canarias y Extremadura, con salarios y pensiones más bajos, exhiben brechas menores, pero estas cifras en realidad reflejan una disminución en los ingresos en general, y no necesariamente una mayor igualdad.
El panorama también evidencia que la desigualdad no se circunscribe a la cuantía absoluta, sino también a la estructura del sistema económico y laboral. La menor proporción del salario medio que reciben las mujeres en forma de pensión, junto con su mayor participación en pensiones de viudedad o incapacidad, sostienen una situación en la que la brecha de género en la vejez sigue siendo una realidad aún por revertir.
Estas cifras dejan en evidencia la necesidad de abordar las causas profundas de la desigualdad desde múltiples frentes: políticas de empleo, conciliación, mejoras en las condiciones laborales y reformas en el sistema de pensiones. La protección social y el futuro de las mujeres en la vejez siguen siendo uno de los desafíos pendientes para lograr una igualdad efectiva en todos los ámbitos de la sociedad.
