

El kétchup arrastra fama de alimento ultraprocesado, pero dos nutricionistas consultados por Infobae matizan ese diagnóstico. En cantidades moderadas encaja sin problema en una dieta equilibrada, aunque llevar la cuenta del azúcar que añade a cada plato sí merece la pena.
El tomate que compone la base del kétchup aporta fibra, vitaminas A, C y K, además de potasio y folato. El proceso de elaboración favorece también la biodisponibilidad del licopeno, el antioxidante al que se atribuye parte de la protección cardiovascular y la reducción de riesgo de algunos tumores, como el gástrico o el de próstata.
El otro lado de la balanza es el azúcar. Una cucharadita de kétchup, unos 15 mililitros, ronda ya una cucharadita de azúcar, y pocas raciones se quedan en esa cantidad. Las recomendaciones oficiales limitan el consumo diario a siete cucharaditas de azúcar en total, así que dos o tres raciones generosas pueden acercar bastante a ese tope.
A eso se suma que buena parte de las marcas comerciales incorpora extractos de especias, aromatizantes, almidón modificado y edulcorantes, ingredientes que sitúan al producto en la categoría de ultraprocesado. El riesgo crece porque el kétchup suele acompañar a otros alimentos igual de procesados, fritos, carnes preparadas o pan refinado. En España, la preocupación por este tipo de productos ya ha llegado a la normativa, el Gobierno prohibió los ultraprocesados en los desayunos y meriendas escolares hace unas semanas.
La recomendación de ambos especialistas no es dejar de usarlo, sino vigilar la etiqueta, cuanta más proporción de tomate y menos aditivos, mejor. El kétchup casero, con el azúcar y la sal bajo control, es la alternativa más sencilla para quien quiere seguir usándolo sin renunciar a nada.
La misma lógica se repite en otras áreas de la alimentación infantil. La normativa de menús saludables ya alcanza a las escuelas infantiles de 0 a 3 años, y las guías de nutrición insisten en la misma idea: no hace falta prohibir un alimento concreto para comer mejor, basta con vigilar la frecuencia y la cantidad.
La mayoría de marcas comerciales sí lo son por sus aditivos, aunque su base sigue siendo el tomate.
Cerca de una cucharadita de azúcar por cada 15 mililitros de producto.
Sí, licopeno, vitaminas A, C y K, y potasio procedentes del tomate.
Los nutricionistas consultados no lo consideran necesario. Con moderación puede formar parte de una dieta equilibrada.
Revisando la etiqueta y priorizando los que tienen mayor proporción de tomate y menos aditivos, o preparándolo en casa.
