

El entorno se ha convertido en un factor decisivo en la adquisición de viviendas, según detalla un reciente estudio de Keller Williams España & Andorra, parte de la prestigiosa multinacional inmobiliaria Keller Williams. La investigación revela que en ciudades grandes como Madrid y Barcelona, un entorno favorable puede aumentar el valor percibido de una propiedad hasta un 15%, mientras que un vecindario menos atractivo puede reducir su rentabilidad futura en un 9% cada año.
El informe destaca que el 70% de los compradores de viviendas que manifiestan insatisfacción tras su compra lo atribuyen a deficiencias del vecindario, en lugar de fallas en la propiedad misma. Problemas como la falta de servicios básicos, malas conexiones de transporte al lugar de trabajo y el ruido excesivo son los principales factores que afectan la satisfacción de los propietarios.
Leonardo Cromstedt, presidente de Keller Williams España & Andorra, afirma que la proximidad a parques y zonas verdes puede incrementar el valor de un inmueble en un 25% en comparación con la media de la zona. Este factor es tan significativo como la seguridad, la limpieza de las calles y los futuros desarrollos urbanísticos, factores que los compradores no siempre evalúan detenidamente. Cromstedt enfatiza la importancia de un análisis profesional del entorno para predecir variables críticas que impactan en la calidad de vida y en el valor del inmueble a largo plazo.
La pandemia ha reforzado la preferencia por entornos agradables sobre el tamaño del inmueble, con un aumento del 64% en la demanda de áreas que combinan comercio cercano, servicios y menor densidad de tráfico. Este cambio ha recalibrado el papel del asesor inmobiliario, ahora fundamental en la correcta interpretación del mercado y la orientación en la toma de decisiones.
Para minimizar sorpresas después de la compra, Keller Williams sugiere emplear la «regla de las tres franjas», que consiste en visitar el barrio en diferentes momentos del día: por la mañana, al atardecer y los fines de semana. También recomiendan prácticas como el «simulacro de lunes», para evaluar el trayecto al transporte público y la disponibilidad de aparcamiento en horas punta, además del «test del pan», que implica pasear durante diez minutos para localizar servicios esenciales cercanos.
Un consejo adicional es interactuar con los comerciantes locales y observar el uso de los espacios culturales durante la tarde, ya que estos aspectos son cruciales para la convivencia y no están reflejados en los portales inmobiliarios. «La vivienda se puede modificar, pero el barrio define la calidad de vida diaria», concluye Cromstedt, subrayando que invertir tiempo en estas verificaciones, junto con asesoría profesional, es una de las mejores decisiones antes de cerrar una compra.
Asimismo, desde Keller Williams insisten en que el análisis del barrio debe adaptarse al perfil y situación de cada comprador, ya que sus necesidades pueden variar según su contexto vital. Evaluar conjuntamente la vivienda y su entorno permite anticipar desajustes y tomar decisiones más acordes con el estilo de vida y expectativas de los futuros habitantes.
