

Un estudio reciente realizado por la Universidad Northwestern ofrece una visión más optimista sobre la calidad del aire en espacios cerrados como hospitales y aviones, en medio de los temores generados por la pandemia de COVID-19. La investigación revela que el ambiente microbiano en estos entornos está principalmente compuesto por microbios inofensivos relacionados con la piel humana, con una presencia mínima de patógenos y de microorganismos potencialmente peligrosos.
Durante los años de pandemia, muchas personas desarrollaron temores respecto a la posibilidad de inhalar virus o bacterias en espacios cerrados, especialmente en aerolíneas y centros hospitalarios, donde la circulación del aire parecía ser un vector de contagio. Sin embargo, los datos de esta investigación muestran que, en realidad, el aire en estos lugares es más seguro de lo que se pensaba.
El estudio se centró en analizar el ecosistema microbiano que viaja con las personas y en los espacios que frecuentan. Para ello, los investigadores recopilaron muestras de microbios en mascarillas usadas por pasajeros y personal sanitario durante vuelos nacionales e internacionales, así como en mascarillas entregadas por profesionales de la salud tras sus turnos en hospitales. La técnica utilizada permitió detectar 407 especies diferentes de microorganismos, en su mayoría bacterias relacionadas con la piel humana.
Los resultados señalan que la mayoría de esos microbios son inofensivos y que la presencia de patógenos (microbios capaces de causar enfermedades) fue mínima, sin signos de circulación activa de agentes infecciosos. Lo que confirmó, en términos microbiológicos, que el aire en estos ambientes no representa un riesgo elevado de contagio aéreo.
La conclusión más importante es que los microbios en el aire provienen en su mayoría de las personas mismas y no tanto del entorno físico o de fuentes externas. “Muchas de las superficies que tocamos tienden a tener microbios asociados a la piel, porque los transferimos cada vez que tocamos algo. Despedimos microbios dondequiera que vayamos; esto se llama el ‘aura microbiana’”, explicó la investigadora principal, Erica M. Hartmann.
Este hallazgo refuerza la idea de que la higiene de manos —una medida ya ampliamente promovida— continúa siendo clave para prevenir infecciones transmitidas por contacto. De hecho, el estudio aclaró que la transmisión aérea, aunque no debe ser descartada, no es la vía principal de contagio en estos entornos. La interacción directa o el contacto con superficies contaminadas siguen siendo canales importantes de la transmisión de muchas enfermedades.
Para ampliar el monitoreo de la calidad del aire, los científicos proponen la posible implementación de tecnologías de detección en tiempo real. Hartmann imaginó un dispositivo similar a una alarma de gases que, dependiendo del nivel de microbios en el aire, podría activar un aumento en el intercambio de aire o alertar a las personas para que tomen medidas preventivas, como colocarse una mascarilla. La idea es contar con sistemas accesibles y eficientes que permitan a instituciones y usuarios tomar decisiones informadas, especialmente en temporadas de mayor circulación viral o durante eventos que impliquen aglomeraciones en ambientes cerrados.
El método de análisis empleado en el estudio resultó ser sencillo y económico: recoger mascarillas usadas y extraer su ADN para identificar los microorganismos atrapados en ellas. Los resultados, además de tranquilizadores, aportan una perspectiva más basada en evidencia sobre la circulación microbiana en espacios humanos cerrados, desmontando algunos mitos sobre la peligrosidad del aire interior en estos escenarios.
El trabajo también destacó que, aunque los virus representan una proporción menor del total de microbios en el aire debido a su menor abundancia y a la forma en que se liberan, la higiene y el manejo adecuado de las medidas preventivas continúan siendo esenciales. La mascarilla, además de su función de protección individual, se convirtió en una herramienta valiosa para recoger muestras que ofrecen una visión integral del ecosistema microbiano en estos ambientes.
En tiempos donde el clima frío y el aumento de reuniones en interiores elevan los riesgos de transmisión, esta investigación ofrece un mensaje tranquilizador y refuerza la importancia de las prácticas básicas de higiene. El aire en hospitales y aviones, en condiciones normales, no contiene tantos patógenos como comúnmente se piensa. Sin embargo, la vigilancia constante y el uso de tecnologías innovadoras seguirán siendo imprescindibles para asegurar ambientes más seguros y saludables.
