El reconocido chef Alberto Chicote protagonizó una de las entregas más sorprendentes de «Pesadilla en la cocina» el pasado martes, al visitar el bar La dulce Harleey. El local, situado en Alcalá de Henares, llamó la atención del cocinero por su singular funcionamiento; Lola, la cocinera, confesó que el menú nunca se respetaba y que se elaboraba de acuerdo con lo disponible en la nevera ese día. Chicote quedó atónito al descubrir que prácticamente todos los platos, desde las pizzas hasta las tortillas, eran productos comprados ya preparados y criticó duramente la carencia de una verdadera cocina en el establecimiento, reducido prácticamente a un microondas.
El asombro de Chicote no terminó ahí. Los clientes del bar solían ingresar con comida de otros restaurantes, una práctica que el chef comparó desfavorablemente con las políticas de los cines. La situación se tornó aún más insólita cuando una moto ingresó al local y se desplazó hasta el fondo del lugar. María, la propietaria, explicó que al tratarse de un bar de espectáculos, debían ofrecer algo sorprendente a sus clientes. El episodio subrayó las peculiares prácticas del local y subrayó la asombrosa falta de normas tradicionales en su funcionamiento.
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