

En la vida moderna, muchas personas sienten que sus pensamientos se convierten en una especie de ciclo sin fin, algo que les impide disfrutar del presente y afecta su bienestar emocional. La psicóloga y autora Júlia Pascual explica que esta tendencia a «dar vueltas» en la mente, conocida como sobreanálisis o sobrepensamiento, se ha intensificado en los últimos años y representa una amenaza creciente para la salud mental.
Este fenómeno sucede cuando nuestra mente transforma inquietudes normales en cadenas de pensamientos negativos y circulares, en las que parece imposible avanzar. Pascual señala que «el análisis previo a la acción puede ser útil», pero cuando se transforma en una revisión interminable y obsesiva, se vuelve un laberinto sin salida. Vivimos en una sociedad en la que, alejados de las luchas básicas por la supervivencia, nuestro cerebro se ha “aburguesado” en pensar demasiado, divagando entre recuerdos del pasado y proyecciones futuras, en lugar de centrarse en el ahora.
Este ciclo de pensamientos repetitivos no solo genera angustia, sino que también puede conducir a síntomas físicos como dolores musculares, dificultades para dormir y sensación de cansancio persistente. La preocupación constante, la disociación de la realidad y las molestias físicas son algunas de las señales que Pascual recomienda detectar tempranamente para evitar que el problema se agrave.
Uno de los aspectos principales que agrava este estado es la percepción distorsionada que se desarrolla cuando el cerebro, ante la incertidumbre, interpreta pensamientos internos como amenazas reales. La mente, en su deseo de encontrar certezas, pierde la capacidad de distinguir lo que es cierto de lo que solo es una suposición. Al dejarse dominar por estas ideas, el individuo queda atrapado en un ciclo que alimenta la ansiedad y la depresión.
Intentar controlar rígidamente los pensamientos suele ser contraproducente. Cuanto más se intenta acallar la mente de forma forzada, más se refuerza el ciclo. La clave no está en luchar contra los pensamientos, sino en modificar la relación que se mantiene con ellos. Pascual recomienda aprender a reconocer las señales tempranas del sobrepensamiento y cultivar una actitud de regulación consciente, aceptando que no siempre se puede tener el control absoluto.
Además, la especialista invita a diferenciar entre hechos comprobables y suposiciones que no tienen fundamento, ya que muchas veces el cerebro interpreta lo que no puede comprobar como un problema urgente, alimentando aún más los bucles mentales. Dejar de perseguir certezas absolutas y enfocarse en el presente puede ser la vía para recuperar el equilibrio emocional y experimentar la vida con mayor autenticidad.
Para ello, algunas estrategias incluyen aceptar la impermanencia de las certezas, practicar la paciencia y tener una actitud compasiva hacia uno mismo. Pascual también indica que es importante no pretender eliminar por completo la preocupación, sino aprender a manejarla, evitando que se convierta en una tormenta mental que nos domine.
En su libro «No te comas el coco», la psicóloga propone que romper con el ciclo del sobrepensamiento requiere práctica y perseverancia. La idea central es abandonar la lucha constante por controlar el flujo de pensamientos y, en cambio, generar una relación más flexible y comprensiva con la mente. Solo así es posible recuperar la claridad y vivir el presente como el único lugar donde realmente podemos experimentar plenamente.
