

En el marco del Foro Económico Mundial de Davos, Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, instó a la comunidad internacional a acelerar las inversiones en infraestructuras eléctricas, subrayando la necesidad de una respuesta contundente frente al creciente aumento de la demanda global de energía. Galán presentó un plan urgente que no solo busca incrementar la generación de energías limpias, sino también optimizar la capacidad de distribución con el objetivo de garantizar un suministro eléctrico más eficiente y seguro.
El llamado hacia una electrificación extendida es cada vez más fuerte, impulsado por el auge de tecnologías que demandan un suministro constante y confiable, como los vehículos eléctricos y los centros de datos. En su intervención, Galán señaló que la demanda energética está destinada a subir drásticamente en las próximas décadas, lo cual plantea un desafío inmediato para actualizar y extender las infraestructuras actuales de redes eléctricas.
Galán enfatizó la necesidad de triplicar las inversiones en la red eléctrica y destacó la importancia de reforzar tanto la producción de energías limpias como el establecimiento de un marco regulatorio que incentive la inversión en este ámbito. En su discurso, advirtió que sin una red robusta y conexiones adecuadas, la electrificación y la transición energética podrían verse seriamente comprometidas, imposibilitando hacer frente a los desafíos futuros.
Asimismo, el presidente de Iberdrola destacó que el desarrollo de las redes eléctricas es crucial para garantizar el liderazgo y competitividad en la escena energética global. Con una planificación estratégica y una sólida apuesta por la inversión en infraestructura, las economías del mundo tienen la oportunidad de situarse a la vanguardia de la electrificación, marcando así el rumbo hacia un futuro más sostenible y eficiente.
En Davos, el mensaje de Galán resonó como un llamado a la acción, indicando que la transición energética y la modernización de las infraestructuras eléctricas son esenciales no solo para satisfacer la demanda creciente, sino también para asegurar un futuro energético robusto y confiable. La comunidad internacional se enfrenta al imperativo de actuar con decisión, asegurando el progreso hacia un modelo energético más limpio y sostenible que garantice el bienestar de las generaciones presentes y futuras.
