

Iberia ha anunciado este jueves la apertura de un expediente de regulación de empleo (ERE) que afectará a un total de 996 empleados, tanto de tierra como de vuelo, en un movimiento que busca adaptarse a los desafíos del sector aéreo y a las nuevas condiciones del mercado. La medida, que se presenta como voluntaria, ha sido confirmada por fuentes internas de la compañía y apunta a establecer un proceso negociado con la representación sindical.
El volumen de personas que podrían acogerse a este ERE voluntario está distribuido en diferentes colectivos: 243 en el ámbito de vuelo, compuesto por 106 pilotos y 137 tripulantes de cabina o TCP, y 753 en el sector de tierra, que incluye a trabajadores de mantenimiento o MRO (305), de producción en tierra (243) y de áreas corporativas (205). La constitución formal de la comisión negociadora, integrada por representantes de la compañía y de los empleados, marca el inicio de varias semanas de diálogo y posibles acuerdos.
Este anuncio no es nuevo en la agenda de Iberia, ya que la dirección había comunicado el pasado 17 de febrero su intención de afrontar un proceso similar. Ahora, con la constitución del órgano de negociación, se ha establecido un calendario provisional de reuniones que se proyecta seguir en las próximas semanas, según las informaciones proporcionadas por las fuentes internas. Todo ello ha sido ya notificado a la Dirección General de Trabajo de la Comunidad de Madrid.
El contexto no es casual: Iberia ha subrayado en diversas ocasiones la necesidad de una transformación en los perfiles de sus empleados para cumplir con la hoja de ruta que la compañía ha definido para los próximos años, conocida como el Plan de Vuelo 2030. En ese marco, el actual proceso de regulación de empleo busca facilitar los cambios estructurales necesarios para afrontar los desafíos del sector aéreo, marcado por una recuperación económica aún frágil y una competencia cada vez más intensa.
El presidente y consejero delegado de Iberia, Marco Sansavini, destacó en febrero que el proceso sería voluntario, intentando brindar una salida consensuada que minimice el impacto social de las restructuraciones. Sin embargo, la magnitud del ERE refleja la complejidad del escenario, en un momento donde las aerolíneas enfrentan la necesidad de ajustar su plantilla a las nuevas condiciones operativas y económicas del mercado global.
La continuidad de las negociaciones será fundamental para definir los detalles y condiciones del proceso, en un contexto donde la colaboración entre la empresa y los representantes de los trabajadores será clave para lograr acuerdos que permitan a Iberia adaptarse y seguir siendo competitiva en los próximos años.
