

Humix, sistema de tratamiento contra la humedad por capilaridad, ha pasado las 20.000 instalaciones repartidas entre viviendas, edificios patrimoniales y construcciones religiosas. La cifra, que la propia compañía considera un punto de inflexión, llega acompañada del salto a seis mercados internacionales: Reino Unido, Canadá, Portugal, Francia, Turquía y varios países de Latinoamérica.
La humedad por capilaridad afecta a buena parte del parque inmobiliario antiguo, sobre todo en cascos históricos donde los muros mantienen contacto directo con el subsuelo. Las consecuencias son las de siempre: manchas, salitre, pintura que se desprende y un ambiente interior cargado que termina pasando factura tanto a la salud como al valor del inmueble. Hasta hace unos años la única respuesta consistía en picar paredes, inyectar resinas o levantar zócalos.
El método de Humix se aplica sin obras invasivas. No requiere perforar muros, inyectar productos químicos ni romper pavimentos. El equipo actúa sobre el origen del fenómeno y frena el ascenso del agua desde el subsuelo. La compañía firma una garantía de hasta 30 años con mediciones periódicas para verificar que el tratamiento sigue funcionando, un argumento que pesa especialmente en propiedades comunitarias y edificios singulares.
El abanico de casos cubiertos va desde viviendas unifamiliares hasta iglesias, conventos y edificios catalogados, donde cualquier intervención debe respetar la estructura original. Esa flexibilidad ha sido clave para que parroquias, comunidades de propietarios y administraciones locales escojan el sistema en lugar de una rehabilitación tradicional.
Las 20.000 instalaciones se reparten ya por seis países además del español. Reino Unido, Canadá, Portugal, Francia, Turquía y varias naciones latinoamericanas concentran la mayor parte del crecimiento exterior, en territorios donde el envejecimiento del parque edificado tira con fuerza de la demanda. El movimiento confirma que la humedad por capilaridad no es un problema local, sino un denominador común del patrimonio europeo y americano.
En el plano nacional, el interés por sistemas no invasivos ha crecido en paralelo a la presión normativa sobre eficiencia energética. El certificado energético puede mover hasta 50.000 euros en el precio de una misma vivienda, y un inmueble con patologías de humedad difícilmente mejora su calificación.
Cada vez más constructoras incorporan el sistema en obra nueva como medida preventiva, una tendencia que también se ha visto en encuentros recientes del gremio: FESCOMAD 2026 reunió a 5.000 visitantes en Vicálvaro alrededor del oficio y la formación en construcción. Evitar perforaciones desde el principio reduce costes posteriores y simplifica el cumplimiento de la normativa de habitabilidad.
Para quien ya convive con manchas, olores o paredes deterioradas, la primera recomendación de los técnicos pasa por encargar un diagnóstico específico antes de cualquier reforma estética. Tratar la humedad antes que la pintura ahorra tener que repetir obras en zonas húmedas como el baño dos veranos después.
Es el ascenso del agua del subsuelo por los muros porosos de un edificio. El agua sube por los huecos del material y arrastra sales que terminan deteriorando el revestimiento interior y el yeso de las habitaciones inferiores.
No. La instalación no requiere obra y los inquilinos pueden permanecer en la casa mientras el sistema opera. Tampoco se aplican productos químicos en paredes o suelos.
Sí. Es uno de los usos más frecuentes precisamente por respetar la estructura original. La empresa indica intervenciones en parroquias, conventos y edificios catalogados, donde otras técnicas estarían vetadas.
Depende del grosor de los muros y del nivel de saturación, pero las primeras mediciones suelen mostrar descenso de humedad en los meses siguientes a la instalación.
La compañía ofrece hasta 30 años de garantía con mediciones de seguimiento para verificar la eficacia del tratamiento durante toda la vida útil del sistema.
