Alejandro Gertz Manero, el veterano político mexicano, ha presentado su renuncia al cargo de fiscal general, abriendo así un nuevo capítulo en su larga carrera en la función pública a sus 86 años de edad. La inesperada dimisión, entregada en una agitada tarde de jueves, no marca su retiro definitivo de la vida pública, ya que Gertz se avizora ahora como embajador «en un país amigo». Con su salida, la presidenta Claudia Sheinbaum obtiene la libertad para completar su gabinete de Seguridad con miembros de plena confianza, ya que Gertz era la única figura en el equipo no elegida por la actual administración. Su tiempo al frente de la Fiscalía, marcado por un poder institucional sin precedentes, fue observado con críticas debido a la percepción de haber utilizado dicha influencia para fines personales, lo que en parte opacó su rol de defensor público.
Desde su nombramiento como el primer fiscal general en 2019 tras una relevante reforma constitucional, Gertz ha estado en el centro de varias controversias, incluyendo su relación tumultuosa con Julio Scherer y el polémico caso judicial contra su propia familia política. Estas disputas subrayaron las críticas hacia Gertz, acusado de perseguir enemigos políticos y proteger a aliados, todo ello en consonancia con las prioridades del presidente López Obrador. La renuncia de Gertz deja vacante un puesto fundamental en el aparato judicial mexicano, con la expectativa de que su sucesor, más cercano al círculo de Sheinbaum, pueda asumir la tarea de reformar y revitalizar una Fiscalía que bajo su mando muchas veces fue señalada por su falta de equidad. La historia de Gertz en política, salpicada de logros y desafíos, continúa reflejando la complejidad y los matices del poder en México.
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