La cineasta Agnieszka Holland ha elegido adentrarse en el complejo mundo de Franz Kafka, optando por una narrativa cinematográfica que busca alejarse de las convenciones tradicionales. Sin embargo, su última película ha resultado en un ejercicio de estilo que se arriesga a alejar al espectador por su falta de cohesión. La biografía de Kafka, presentada como una obra de fluida libertad narrativa, pierde el rumbo en su intento de transgresión, ofreciendo más un rompecabezas caótico que una historia consistente. Los aficionados a Kafka podrían encontrar en el filme un punto de interés, aunque sea solo para lamentar la oportunidad perdida de explorar al escritor en toda su complejidad.
La directora polaca no es ajena a estas críticas, pues previamente enfrentó opiniones similares con su película «Vidas al límite», que abordó el tumultuoso romance entre Paul Verlaine y Arthur Rimbaud y fue considerada pretenciosa y vacía de sustancia. En «Franz Kafka», Holland vuelve a convocar a un elenco talentoso, incluyendo a Ida Weiss y Peter Kurth, pero sus esfuerzos no logran concretarse en un producto cohesivo. Estrenada en enero de 2025 en la República Checa, la obra, con una duración de 127 minutos, deja a la audiencia con una mezcla de curiosidad insatisfecha y desconcierto, reflejando una aventura cinematográfica que se pierde en su propia ambición.
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