

J. Craig Venter, biólogo estadounidense que cambió la forma de leer el ADN, ha fallecido a los 79 años. Fundador de Celera Genomics y del J. Craig Venter Institute (JCVI), su nombre quedó ligado a la carrera por la secuenciación del genoma humano y al despegue de la biología sintética como disciplina aplicada. La noticia ha sido recogida por El Mundo.
Nacido en Salt Lake City en 1946, Venter pasó del ámbito académico a la empresa privada a mediados de los noventa. Tras formarse como bioquímico e inmunólogo y trabajar en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, en 1998 puso en marcha Celera Genomics. La iniciativa compitió con el consorcio público del Proyecto Genoma Humano y forzó un ritmo que acabó acelerando la publicación del primer borrador del genoma en el año 2000.
Antes de Celera ya había llamado la atención: en 1995, su equipo en el Institute for Genomic Research (TIGR) publicó la secuencia completa del primer organismo de vida libre, la bacteria Haemophilus influenzae. Fue el banco de pruebas del enfoque que años después aplicaría al ser humano.
La aportación técnica más reconocida de Venter es la «whole genome shotgun sequencing». La idea, en una frase: trocear el ADN en millones de fragmentos pequeños, secuenciarlos en paralelo y reensamblarlos después por ordenador. Hasta entonces, los laboratorios trabajaban gen a gen o región a región, un proceso lento y caro. Con el shotgun, los tiempos cayeron en picado y se abarataron los costes hasta el punto de hacer posibles los estudios poblacionales actuales.
Aplicado al genoma humano, el método permitió a Celera anunciar un borrador casi simultáneo al del consorcio público en junio de 2000. Tres años después, en abril de 2003, ambos esfuerzos confluyeron en la secuencia completa, considerada uno de los hitos científicos del cambio de siglo. La hoja de ruta que se abrió entonces sigue alimentando hoy la genómica clínica que se aplica en hospitales españoles, como ilustra el estudio genómico del Hospital Gregorio Marañón sobre la transmisión de la tuberculosis.
Después de Celera, Venter creó el JCVI y, más adelante, Synthetic Genomics y Human Longevity Inc. Su laboratorio protagonizó otro hito de calado: en 2010 anunció la primera célula bacteriana con un genoma diseñado y sintetizado en el laboratorio, bautizada como Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0. Seis años después, el equipo redujo ese organismo a JCVI-syn3.0, con apenas 473 genes, una versión mínima de lo que hoy se considera vida funcional.
Esos trabajos sentaron las bases para que la biología sintética dejara de ser un terreno teórico y empezara a alimentar líneas concretas de medicina personalizada, biocombustibles y diagnóstico molecular. La misma lógica está detrás de investigaciones que hoy conectan variantes genéticas con trastornos como la ansiedad o que rastrean firmas moleculares de tumores cerebrales.
La trayectoria de Venter no fue lineal. Su salto a la empresa privada y el modelo de patentes de Celera generaron tensiones con buena parte del sector académico, que defendía la difusión libre y abierta de los datos genómicos. La rivalidad con Francis Collins, entonces al frente del consorcio público estadounidense, llenó portadas científicas a finales de los noventa y dejó un debate que aún sigue vivo en la regulación de la propiedad intelectual sobre datos biológicos.
Venter cambió de papel varias veces a lo largo de su vida profesional: investigador asalariado, fundador, divulgador, empresario y figura mediática. Publicó libros de divulgación, intervino en debates públicos sobre bioética y se convirtió en una voz reconocible cada vez que se hablaba del futuro de la genética.
Universidades, sociedades científicas y centros de investigación de varios países han recordado su papel en el desarrollo de la genómica moderna. Sus métodos siguen siendo la base de la secuenciación rutinaria en hospitales y laboratorios, donde se aplican al estudio de enfermedades raras, oncología, infecciones emergentes o líneas de investigación clínica como las terapias contra tumores cerebrales basadas en líquido cefalorraquídeo.
El genoma humano que contribuyó a leer cabe hoy en una memoria USB. La biología sintética que ayudó a impulsar empieza a saltar de la prueba de concepto a aplicaciones clínicas reales. La hoja de ruta abierta con Celera y el JCVI continúa, con o sin él, en el centro de la investigación biomédica.
Biólogo estadounidense (1946-2026), fundador de Celera Genomics y del J. Craig Venter Institute. Su trabajo en secuenciación del genoma humano y en biología sintética le convirtió en una de las figuras más reconocibles de la genómica moderna.
Una técnica que fragmenta el ADN en millones de trozos pequeños, los secuencia en paralelo y luego los ensambla por ordenador. Permitió leer genomas completos mucho más rápido y barato que las técnicas previas, y hoy es estándar en laboratorios de todo el mundo.
El primer borrador se presentó en junio de 2000, tras la competencia entre Celera Genomics y el consorcio público del Proyecto Genoma Humano. La secuencia se considera completa a partir de 2003, aunque siguieron publicándose actualizaciones y correcciones en años posteriores.
El JCVI es un centro de investigación sin ánimo de lucro creado por Venter en 2006, con sedes en Rockville (Maryland) y La Jolla (California). Trabaja en genómica ambiental, biología sintética y aplicaciones médicas de la genética.
Su equipo creó en 2010 la primera bacteria con un genoma diseñado en el laboratorio (Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0) y en 2016 una versión con genoma mínimo (JCVI-syn3.0), pasos clave para construir células con funciones a medida y abrir la puerta a aplicaciones biotecnológicas que hoy desarrollan empresas y centros públicos.
