
Núria Quevedo, la reconocida pintora del exilio español, falleció a los 87 años en Berlín, ciudad que fue su hogar desde que llegó exiliada a los 14 años. Pese a ser una figura crucial en el arte político del siglo XX, su país natal, España, apenas la reconoció. Quevedo nació en Barcelona, pero debido a las circunstancias políticas de la posguerra tuvo que emigrar junto a su familia a la entonces República Democrática Alemana (RDA). El hilo conductor de su obra fue el desarraigo y la nostalgia por una patria perdida, temas que plasmó con gran expresividad en cuadros como «Treinta años de exilio». Este óleo hipnótico representa el dolor y la introspección de aquellos que sufrieron la diáspora por la dictadura franquista, reflejando rostros cansados y afligidos que parecen fantasmas del pasado.
En Alemania, Quevedo encontró el reconocimiento que se le negó en España. Desde los años setenta, su obra recibió premios como el Premio Goethe y el prestigioso Karl Schmidt-Rottluff, otorgado por capturar de manera conmovedora el desarraigo y la soledad del exilio. Su estilo, que se caracterizaba por representar personajes con grandes manos y cabezas, encontró lugar en importantes colecciones de la antigua RDA. Pese a llevar esta carga de olvido y desazón, su producción artística fue prolífica e incluyó pintura, dibujo, grabado e ilustración. La «berlinesa de Barcelona», como era conocida, mantenía una vida enriquecida por intercambios culturales y políticos, lo que se reflejaba en sus amplias correspondencias y en la intensa conexión emocional con sus raíces y aspiraciones humanas universales, aspectos que continuarán marcando su legado más allá de las fronteras físicas y temporales.
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