
El ataque ocurrido el pasado fin de semana en la playa de Bondi, Sídney, durante una celebración judía de la festividad de Janucá, ha sido objeto de comentarios por parte del grupo yihadista Estado Islámico. Aunque no ha reivindicado oficialmente la autoría del atentado, que dejó al menos 15 muertos y más de 40 heridos, el grupo ha expresado su «orgullo» por el ataque en uno de sus canales de propaganda, sugiriendo que tales acciones dejan «impactados y con dudas» a sus enemigos. Además, el Estado Islámico ha instado a sus seguidores a continuar sus ataques contra judíos y cristianos, poniendo de relieve una estrategia de intimidación global.
El ataque fue perpetrado por un padre y su hijo, siendo este último detenido y en estado crítico tras el incidente. La policía australiana ha clasificado el evento como un atentado terrorista dirigido específicamente a los asistentes de la festividad, que congregó a unas 2,000 personas. Este ataque se da en un contexto de violencia creciente y en respuesta a una situación más amplia en la que el grupo yihadista busca reactivar sus actividades en diversas partes del mundo, aprovechando la inestabilidad y el clima de miedo.
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