
En la última década, nuestro país ha escalado posiciones en el ranking mundial en términos de contribución fiscal empresarial, situándose actualmente en el tercer lugar. Este ascenso representa un avance significativo desde la sexta posición que ocupaba hace diez años. El incremento en la recaudación proviene de diferentes políticas económicas implementadas por el gobierno para optimizar el impuesto sobre sociedades, así como de una mejor fiscalización. Esto refleja un cambio estructural en el sistema tributario, con la intención de fomentar un entorno más competitivo y atraer inversión extranjera, sin dejar de lado la responsabilidad fiscal de las empresas locales.
El contexto económico ha experimentado transformaciones que han ayudado a alcanzar este nuevo puesto en el ámbito internacional. Las reformas fiscales y la digitalización de los procesos han facilitado un mayor control sobre las contribuciones, permitiendo a las autoridades tributar a las empresas de manera más eficiente. Además, el compromiso del sector privado con el cumplimiento de las normativas ha sido crucial para este logro. A pesar del progreso evidente, los desafíos continúan, especialmente en la necesidad de asegurar una recaudación equitativa que no obstaculice el crecimiento económico, garantizando así que el país siga siendo un destino atractivo para la inversión y la creación de empleo.
Leer noticia completa en El Mundo.
