
El petróleo ha experimentado una de sus mayores alzas en los últimos años, con el Brent alcanzando 103 dólares por barril, marcando el incremento más significativo desde mediados de 2022. Este aumento del 11% se produce en medio de una creciente tensión geopolítica tras la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán. La incapacidad de cumplir con una resolución rápida ha transformado lo que parecía una amenaza teórica en un riesgo real de crisis energética mundial. En apenas una semana, el precio del crudo ha escalado un 44%, exacerbado por los recientes ataques a infraestructuras petroleras en el Golfo Pérsico. Las medidas tomadas por el Departamento de Estado de EE. UU., que incluyen la evacuación de sus diplomáticos de Arabia Saudí, refuerzan el clima de incertidumbre en un mercado ya nervioso por la ralentización de la producción en la región.
Además, la reciente designación de Mojtaba Jameneí como sucesor de su padre al frente del liderazgo supremo de Irán ha reducido las posibilidades de una pacificación en el corto plazo. La decisión ha sido recibida con muestras de apoyo en las calles iraníes, lo cual apunta a la continuidad de una política de línea dura. Mientras tanto, se han observado reducciones significativas en la producción de petróleo por parte de varios países del Golfo, provocado por la saturación de sus almacenes y el cierre estratégico del estrecho de Ormuz. Esto se suma a las preocupaciones sobre el suministro de gas, con Qatar, uno de los principales exportadores de gas licuado, deteniendo prácticamente su producción. A pesar de la reunión del G-7 para evaluar la liberación de reservas de petróleo, la falta de un acuerdo inmediato incrementa las dudas sobre una pronta recuperación del suministro energético mundial.
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