
En una acalorada sesión de control del Parlament de Cataluña, Alejandro Fernández, líder del Partido Popular Catalán, abordó de manera contundente y directa temas candentes, como la situación de la DGAIA y el escándalo del exdirigente socialista Francisco Salazar, que ha ganado comparaciones con el movimiento #MeToo en el PSOE. Fernández parece estar intentando trasladar al Parlament un debate intenso y acalorado que se vive en el Congreso de los Diputados, buscando que el eco de la polémica nacional resuene también en la cámara catalana. Su objetivo parece ser involucrar al president Salvador Illa en la misma dinámica combativa que vive el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aunque el impacto esperado no se ha materializado del todo.
Salvador Illa, conocido por su enfoque tranquilo y sosegado, ha respondido a las provocaciones de Fernández sin perder su compostura característica. Manteniéndose fiel a su estrategia, Illa emplea una fórmula de gestión que combina la negación de desastres con la admisión de insuficiencias y la promesa de mejoras sin entrar en disputas vehementes. Esta actitud se refleja también en la dinámica general del Parlament, donde, a pesar de las críticas a su Gobierno, el tono del debate no alcanza los extremos de hipérbole que se han visto en otras partes del país. Mientras Fernández intenta imprimir una pauta más agresiva en el discurso, la mayoría de los grupos parlamentarios, incluido ERC y Junts, mantienen una postura más moderada, sugiriendo que, aunque a corto plazo pueda parecer aburrido, a largo plazo esta contención puede resultar reconfortante para el electorado.
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