

La inflación en España presentó una leve desaceleración en febrero, situándose en un 2,3% interanual tras haber acumulado tres meses consecutivos de descenso en el índice de precios al consumo (IPC). La caída significativa en el coste de la luz fue uno de los principales factores que contribuyó a frenar el encarecimiento general de la cesta de la compra, aunque la presión alcista en otros segmentos permaneció vigente.
Entre los alimentos, el incremento fue particularmente marcado. Los precios de los huevos experimentaron una subida superior al 30% respecto al año anterior, impulsados en gran parte por problemas en la producción avícola. La proliferación de brotes de gripe aviar obligó al sacrificio de millones de gallinas en 2025, lo que disminuyó notablemente la oferta de huevos tanto en España como en Europa. La misma tendencia alcista se reflejó en la carne de vacuno, con un alza del 15%, debido a la reducción en la oferta provocada por enfermedades en el ganado y sequías recientes, así como por una creciente demanda internacional que favorece los precios españoles. La carne de ovino también mantuvo su tendencia al alza, con un incremento cercano al 9%, siguiendo un patrón similar de menor oferta y demanda estable.
La estructura de costos de otros productos alimenticios también ha sufrido alteraciones. Las legumbres y hortalizas frescas subieron un 8,4%, reflejando las tensiones en la cadena de suministro y el impacto de las condiciones climáticas adversas que ya habían comenzado a manifestarse en 2025. En el sector del café y el cacao, los precios alcanzaron un aumento del 7,5%, debido a fenómenos climáticos extremos y conflictos en países productores que elevaron los costes logísticos y redujeron la producción.
Por otro lado, algunos productos básicos experimentaron descensos en sus precios. Los aceites y grasas encabezaron las bajadas, con una caída del 13,1%, resultado de la cosecha favorable que ha permitido normalizar esta categoría tras años de elevados costos por sequías y problemas de producción. Situaciones similares se observaron en el azúcar, las patatas, el pan y los cereales, que aunque con menor intensidad, también mostraron tendencias a la baja.
El escenario internacional influye de manera decisiva en los productos energéticos. La reciente escalada del conflicto en Irán, que comenzó a fines de febrero con enfrentamientos en el estrecho de Ormuz, ha afectado de forma significativa el tránsito de petroleros y ha disparado los precios del crudo y del gas natural. Esta tensión geopolítica ha generado inquietudes sobre una posible inflación superior al 3% si la guerra se mantiene activa por un período prolongado. Sin embargo, los análisis sugieren que si el conflicto se limita a unos pocos meses, la inflación debería estabilizarse alrededor del 2,5% para finales del año.
El mercado del petróleo también refleja la volatilidad: la recuperación de las cosechas tras años de sequías y el aumento en la producción de aceites han llevado a una moderación en los precios del combustible y los alimentos derivados. Sin embargo, para marzo se anticipan nuevas subidas, especialmente en los costes de los carburantes, debido al aumento sostenido en los precios de los energéticos, que a su vez puede influir en la inflación general.
El Ministerio de Economía ya ha advertido que la guerra en Irán puede tener efectos temporales en la economía española, pero advirtió que si la tensión persiste más allá de tres meses, la inflación podría experimentar un incremento adicional. La expectativa de algunos expertos es que, siempre que el conflicto no se prolongue demasiado, la inflación se estabilice en torno al 2,5% a finales de año.
En resumen, mientras unos sectores mantienen tendencias a la baja, otros continúan presionando los precios, en un contexto marcado por factores internos, como las tensiones en la cadena de suministro agrícola y ganadera, y externos, principalmente la influencia de conflictos internacionales y la volatilidad del mercado energético. La economía española afronta un marzo que se presenta con incrementos en los costos de vida, condicionados por el escenario geopolítico y las políticas de control de precios.
