
En 1975, España enfrentaba una economía en crisis, marcada por la recesión Y el desempleo, a la vez que se veía sacudida por los efectos de la crisis del petróleo de 1973. En ese contexto, los datos económicos revelaban una modesta expansión, con el consumo privado y la inversión pública como motores de crecimiento. A diferencia de la situación actual, donde el PIB supera los 1,59 billones de euros y las exportaciones de bienes y servicios representan casi el 40% del PIB, en aquellos años, el país mantenía una estructura económica muy vulnerable, con una alta dependencia de la agricultura y la industria. La modernización, impulsada por la integración en Europa y el aumento de la apertura hacia el exterior, marcó un giro significativo en la economía española, que pasaba de un déficit exterior crónico a contar con un superávit.
El panorama laboral también se ha transformado drásticamente, destacándose la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y una creciente predominancia del sector servicios. Mientras en 1975 solo el 28,4% de los trabajadores eran mujeres, hoy esa cifra alcanza el 46,5%. La economía española ha evolucionado hacia una estructura en la que el 76% de los trabajadores están en el sector servicios, a diferencia del 40,3% de hace cinco décadas. Sin embargo, el desempleo sigue siendo un problema persistente, situándose actualmente alrededor del 10,4%. A pesar de los avances en el crecimiento y la modernización del mercado laboral, la vivienda se mantiene como una preocupación, con los precios del metro cuadrado de vivienda en las grandes ciudades disparados en comparación con las décadas de 1970, reflejando un aumento en la dificultad de acceso a la propiedad.
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