
En la reciente gala de los Premios Grammy celebrada en Los Ángeles, Bad Bunny se consolidó como la estrella de la noche, destacándose no solo por los galardones que recibió por su álbum Debí tirar más fotos, sino también por su potente discurso político en español. En un evento marcado por la tensión política en Estados Unidos, el artista puertorriqueño se dirigió fervientemente contra las políticas migratorias del presidente Trump, haciendo eco del contexto actual de criminalización de la inmigración. No obstante, el momento cumbre de su participación incluyó también una manifestación de estilo, con un esmoquin diseñado por Schiaparelli, una casa de alta costura con raíces en el surrealismo que combina tradición y modernidad.
El esmoquin elegante de Bad Bunny, acompañado de joyería Cartier, se convirtió en un punto de discusión en la ceremonia no solo por su diseño sin precedentes en la moda masculina sino por el simbolismo que evocaba. Con detalles que reimaginan la forma y las tradiciones del esmoquin clásico, la prenda juega con los códigos de género y la simbología del cuerpo humano, rompiendo barreras tradicionales y planteando una narrativa de deconstrucción de la masculinidad. Esta prenda marca la primera incursión en moda masculina de Schiaparelli, indicando una posible expansión hacia nuevas direcciones creativas mientras refuerza la posición de Bad Bunny como un pionero cultural que desafía las normas establecidas, tanto en la música como en la moda.
Leer noticia completa en El Pais.
