El año 2025 ha sido un periodo marcado por un notable crecimiento en los mercados, que, a pesar de afrontar constantes incertidumbres, han cerrado en niveles récord. Las Bolsas, impulsadas principalmente por las grandes empresas tecnológicas y la evolución de la inteligencia artificial, han experimentado un rendimiento excepcional. Sin embargo, el regreso de Donald Trump a la política estadounidense ha generado preocupaciones sobre las tensiones comerciales y fiscales, lo que ha añadido un aire de inquietud al año. A pesar de esto, índices como el S&P 500 y el Nasdaq han alcanzado máximos históricos, beneficiándose del sólido soporte tecnológico.
En contraposición al auge en los mercados bursátiles, otros activos han mostrado un desempeño desigual. El oro ha registrado un aumento notable, superior al 60%, impulsado por compras de bancos centrales, mientras que el petróleo ha caído cerca del 20% debido al aumento en la oferta y a las expectativas de demanda reducidas. El dólar también ha experimentado una depreciación notable, afectando la rentabilidad de los inversores internacionales en el mercado estadounidense. A nivel europeo, España ha destacado con el Ibex 35, que ha cerrado con una revalorización del 49%, liderando el avance en el continente gracias al fuerte desempeño del sector bancario y otras industrias, aunque no todos los valores han disfrutado de un año favorable. La llegada de 2026 plantea nuevas incertidumbres y desafíos en el horizonte económico mundial.
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